PRESIDENTE
NICOLÁS
AVELLANEDA
Fuente: SABSAY, Fernando; Presidencias y Presidentes constitucionales argentinos. Colección Fin del Milenio
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Fue el más joven de los presidentes argentinos. Había nacido en San Miguel de Tucumán en el seno de una antigua familia catamarqueña, en la primavera de 1837. Su padre, Marco Avellaneda, fue ejecutado cuatro primaveras después, al ser derrotada la Coalición del Norte, y su cabeza exhibida en una pica, en plaza pública. Entre azahares manchados de sangre terminó la niñez tucumana y se inició un largo exilio en Bolivia, que terminaría después de Caseros, para prolongarse con nuevos viajes que lo alejarían del terruño, estimulado ahora por su afán de estudios. Córdoba y Buenos Aires fueron sus metas y en esta última se graduó en 1858. La fecha marca además su precoz iniciación en la política. Se incorpora al partido autonomista, y, tras ser legislador provincial en Buenos Aires, es ministro del jefe del partido y gobernador, Adolfo Alsina, y luego forma parte del gabinete nacional de Sarmiento, en la cartera de justicia e Instrucción Pública. Tanto en la función de gobierno como en el periodismo, que ejerció paralelamente, acredita aptitud y profundidad en los pensamientos, también tacto político para convertirse en un "presidenciable", y como tal comienza a circular su nombre dos años antes de la renovación de autoridades. Fue, al fin, el candidato triunfante del autonomismo, convertido en partido nacional. A este hombre de paz y de letras le tocó empezar su gobierno con una revolución y concluirlo con otra, y afrontar desde el poder una oposición revolucionaria con brotes de violencia; así como debió hacer frente a la primera de las graves crisis financieras provocada por una economía inclinada a someterse a grandes créditos del exterior y a agudos conflictos internacionales. Encaró estas situaciones con tacto y energía, y las resolvió con entereza y mesura, saliendo a flote con sapiencia aunque tuviera que ahorrar "sobre la sed y el hambre de los argentinos", para que no hubiera nada "en la Nación superior a la Nación misma", envolviendo en este aserto tanto a una provincia díscola como a una fracción prepotente a intereses extraños. Lamentablemente su muerte fue prematura, y no alcanzó a ver concluido el período de su sucesor; con su desaparición se frustró lo que pudo haber sido una realidad nacional auspiciosa dejando una esperanza truncada. Nicolás Avellaneda es una figura que innova en nuestro panorama político. De corta estatura y físico endeble, no era el tipo de conductor "que se llevaba entonces", no era militar ni hombre de comité. Pero tenía una energía indomable, un gran valor personal y una enorme fuerza de persuasión en la palabra. Tal fue el principal "factor de poder" como instrumento de gobierno. Su voz tenía un encanto especial y, en aquella época, sus discursos calaron hondo y conquistaron voluntades, como lo hacía en charla confidencial, en las tertulias de salón. Estas, además de otras notables cualidades, lo hacen una de las figuras más ilustres de nuestra historia. Asumió la presidencia el 12 de octubre de 1874, con Mariano Acosta en la vicepresidencia. En esos años se logra la conciliación de los nacionalistas de Mitre del "Club Libertad" y los autonomistas de Alsina del "Club Veinticinco de Mayo". Conciliación basada en los acuerdos entre el gobierno nacional y el gobierno de la provincia de Buenos Aires, en los dos puntos cruciales del entendimiento entre estos dos Estados: el puerto único y la sede del gobierno central. Es interesante anotar una de las extrañas ironías de la historia y de la política. La circunstancia favorable, en este caso, para la conciliación, la brindó Juan Manuel de Rosas con su muerte en el exilio en marzo de 1877. Antiguos amigos y correligionarios le organizaron un funeral que hubo de realizarse en la iglesia de San Ignacio el 24 de abril; ante el mero anuncio los liberales de todos los colores se opusieron y obtuvieron del gobierno de la provincia, que tenía jurisdicción policial en el municipio, la prohibición de todo homenaje a la memoria del tirano. De inmediato se organizó otro funeral en la iglesia Catedral, en memoria de las víctimas de Rosas, al que adhirieron al unísono el gobierno nacional y el de la provincia de Buenos Aires, y en el que se dieron cita las dos ramas del liberalismo. Autonomistas y nacionalistas encontraron la oportunidad del gran abrazo entre Alsina y Mitre. La Conciliación se había adueñado de la política de la República; Alsina era el candidato firme a la presidencia. El 7 de octubre autonomistas y nacionalistas hicieron una manifestación conjunta al término de la cual Alsina felicitó a Mitre por el éxito de su política. La paz entre los jefes de las dos tendencias políticas más importantes quedaba asegurada. En vista de los graves sucesos de la frontera interior y los sucesivos malones de los indios que entre 1865 y 1874 se producían por decenas cada año con intensidad creciente, Avellaneda decide llevar a cabo una expedición para concluir con los desmanes y encomendó a su ministro de guerra y Marina, Adolfo Alsina, la preparación de un plan para encararlo, trasladando la frontera al Río Negro, liberando totalmente la pampa de esta continua amenaza. Así lo cumple Alsina y el 29 de diciembre de 1877, mientras se encuentra de inspección en los fortines, muere intoxicado. El general Julio Argentino Roca lo sucede como Ministro y encabeza la Campaña del Desierto logrando, antes de concluir 1879, doblegar a los aborígenes. Políticamente, con la muerte de Alsina, queda extinguida toda posibilidad de acuerdo entre los dos partidos. Se abría paso, camino al poder, Julio Argentino Roca, ministro de Guerra y Marina, desde los primeros días de 1875. Hábil político, representante de los grandes propietarios de la tierra y de los intereses del comercio y de las grandes inversiones extranjeras, necesitaba, para alcanzar la Suprema Magistratura, adueñarse primero de la única fuerza política que quedaba, el Partido Autonomista Nacional (PAN). En el interior se produce un movimiento para la próxima renovación presidencial, encabezado por un diestro político cordobés, Antonio Del Viso, logrando un pacto, la "Liga de Gobernadores" quienes se reservaban el papel de únicos electores en sus respectivos distritos y estaban inspirados por el General Julio A. Roca y su concuñado Miguel Juárez Celman, ministro del gobernador Del Viso. En política institucional tres fueron los temas primordiales que abordó Avellaneda: la tierra pública, la inmigración y la cuestión capital. El problema de las tierras públicas fue preocupación del presidente desde que era estudiante y, más tarde, fue su tema de tesis para el doctorado. Sus aspiraciones se concretaron en varias medidas de gobierno destinadas al aumento de la superficie de estas tierras, por penetración en la zona del indio, y su población destinándola a la actividad agrícola; lo mismo con la inmigración y la colonización. Recordemos, en cuanto a las poblaciones indígenas, la Conquista del Desierto. Entre octubre de 1875 y octubre de 1876 se sancionan tres leyes para fomentar la inmigración y radicarla en las tierras públicas. A la tercera, que lleva el número 817, se la conoce como Ley Avellaneda de Inmigración y Colonización. Avellaneda creó el Departamento General de inmigración, definió técnicamente al inmigrante y aseguró a los que realmente lo fuesen, la integración a la vida nacional. Fundó la Oficina de Tierras y Colonias, dependiente, así como el Departamento de Inmigración, del Ministerio del Interior. Al terminar el período presidencial existían diez prósperas colonias oficiales y cuatro particulares; 150.000 inmigrantes se habían radicado en el país. Buenos Aires era la capital de hecho y concluiría por serlo de derecho. Conforme al artículo 3 de la Constitución Nacional reformada en 1860 son las leyes que sanciona el Congreso Nacional el 21 de septiembre de 1880, declarando a Buenos Aires, Capital de la República y las de la legislatura porteña, el 6 de diciembre del mismo año, cediendo "el territorio que ha de federalizarse". La presidencia de Avellaneda, en lo económico, comenzó signada por una violenta crisis debido a que la deuda externa e interna y el déficit presupuestario aumentaron a partir de 1862 y los empréstitos llamados "segundo" y "tercero" salieron del Gobierno para gastos de administración o cancelar deudas anteriores, depositando el remanente en el Bando de la Provincia de Buenos Aires para fomentar la iniciativa privada mediante créditos liberales. Estos créditos se usaron para la compra de bienes de consumo y para la especulación provocando un aumento de las importaciones suntuarias. En fin, resultaron créditos que no se pagaron poniendo al Banco Provincial al borde la quiebra. La crisis que se insinuaba en 1873, se agudizó en 1874 y llegó a su punto culminante en 1876. Avellaneda impuso el criterio de no recurrir a nuevos empréstitos para cumplir con la Banco Londinense, evitando "contraer deudas para pagar deudas". Cambiaron varios ministros de Economía a causa de sucesivas crisis hasta que Victorino de la Plaza, ministro de Avellaneda, logró revitalizar la situación económica dejando varias enseñanzas útiles, tales como: una moneda papel no convertible y no sujeta al mercado internacional del oro, pudiendo sortearse graves aprietos financieros sin necesidad de empréstitos salvadores. El incremento industrial, todavía incipiente, bastaba para equilibrar la balanza de pagos y aún producía saldos favorables; y, como última medida, retraer las importaciones que no implicaron merma en las exportaciones. En política educacional, el antiguo ministro de Sarmiento siguió la línea trazada en el período del sanjuanino. Se observaron las primeras promociones de las escuelas normales de Paraná y Tucumán; se inauguraron en Corrientes, Santiago del Estero, San Luis y Rosario nuevas escuelas para preparar a futuros maestros lo que permitió aumentar la población escolar y disminuir el analfabetismo. Se llegó a la cifra de 14 colegios nacionales en todo el país. Es de destacar que los colegios, como las escuelas normales, fueron mixtos y que en la renovación de diputados de 1880, lo dijo Avellaneda en el último mensaje presidencial, los dos tercios de los legisladores elegidos eran egresados de esos institutos. Se abrieron establecimientos de Enseñanza Superior de Agronomía en Salta, Tucumán y Mendoza, y en San Luis de Ingeniería Civil y Minería. Se creó la Universidad Nacional de Córdoba, la segunda de la Argentina. En cuanto a la primera, la de Buenos Aires, se organizó en 1874, en cinco Facultades: Derecho y Ciencias Sociales, Filosofía y humanidades, Matemáticas, Ciencias Médicas y Ciencias Físico- Naturales. En política internacional, se firmó el tratado de paz con Paraguay el 3 de febrero de 1875. Se produjeron disputas con Chile en varias ocasiones, hasta que el 28 de julio de 1879 el Congreso argentino rechazó el pacto de "modus vivendi" por diez años aprobado por el gobierno de Santiago. Las relaciones, que llevaron hasta el límite del uso de las armas, quedaron rotas hasta la presidencia de Roca. Otro hecho se produjo en Rosario, donde la Suprema Corte de Justicia declaró en febrero de 1876 la constitucionalidad de la ley santafecina prohibiendo la facultad de emitir billetes al Banco de Londres. Recrudeció el conflicto con la entidad bancaria, hasta llegar a amenazar la cañonera inglesa Drabble, anclada en las Barrancas del Paraná, con bombardear el Banco Provincial en Rosario si no se cumplimentaban las pretensiones del Banco de Londres para recuperar el oro incautado. A las pretensiones inglesas el ministro de Relaciones Exteriores, Bernardo de Irigoyen puso la cuestión en su punto preciso, tesis que más tarde fue consagrado por los tratadistas del Derecho Internacional Privado: "las personas jurídicas deben su existencia a la ley del país que las autoriza (...) y según el sentido mismo de la palabra no tienen nombre, nacionalidad ni responsabilidad individual involucrada (...) el hecho de que sus acciones hayan sido escritas por individuos de una nacionalidad es eventual (...). Se transfieren y pueden pasar fácilmente a ciudadanos de otra Nación". Tesis aprobada en el Congreso Internacional de Montevideo en 1889. Carlos Tejedor, gobernador de Buenos Aires, candidato presidencial en el nuevo período, resuelve enfrentar al gobierno nacional y organiza fuerzas militares con el propósito de poner 50.000 hombres en armas como contingente de la Guardia Nacional. En febrero de 1880 se vive un verdadero clima de guerra civil, la ciudad y la campaña se movilizan a favor de su gobernador, asegurándose en la renovación de la legislatura porteña, el 28 de mayo, la mayoría en ambas cámaras. Se llega así a la elección presidencial del 11 de abril en la que Julio A. Roca obtiene 161 electores y Carlos Tejedor, 71. Roca era ya, aparentemente, presidente de la República. El 1 de mayo, al abrir las sesiones la legislatura porteña, Tejedor afirma el derecho de la provincia a convocar milicias. Ha comprado armas y el 1 de junio las desembarca. Impide la presencia de tropas nacionales. Es la guerra civil. Avellaneda declara que no volverá a Buenos Aires, mientras subsista la insurrección y constituye las autoridades nacionales en Belgrano. En estas circunstancias la federalización se hace impostergable. Se prepara el proyecto de ley, mientras los rebeldes son derrotados en Olivera por tropas comandadas por Racedo. Tejedor renuncia a la candidatura como gobernador; sus tropas son desarmadas por su vice, José María Moreno. Buenos Aires es Capital de la República en noviembre de 1880. El 12 de octubre anterior Avellaneda había terminado su mandato y Julio A. Roca había jurado como presidente.
HECHOS NOTABLES La payada renace en la propia ciudad; se presenta el famoso Felipe Suárez en Buenos Aires, había payado tres días seguidos en Dolores. El circo recupera posiciones. En 1876 un grupo de artistas: Sívori, Camaña, Schiaffino y Gutiérrez, crea la Sociedad de Estímulo de Bellas Artes. En 1878 se presenta un deporte foráneo, es ecuestre y se practica con una bocha y tacos de madera: el polo. En febrero de 1875 Buenos Aries vivió un hecho insólito, el incendio del Colegio del Salvador, de la Compañía de Jesús. La crítica contra el diputado autonomista monseñor León Federico Aneiros, arzobispo de Buenos Aires, por parte de la prensa, fue muy amplia. Jóvenes liberales fundaron el Club Universitario que organizó un mitin en el teatro Variedades. Hablaron Adolfo Saldías y Susini, entro otros. Saliendo del teatro, una manifestación apedreó la casa del arzobispo y el templo de San Ignacio. Luego, se dirigió al Salvador saqueándolo e incendiando casi totalmente el edificio. Al día siguiente los aparentes responsables condenaron el hecho. La policía encontró como sospechosos a unos artesanos europeos de provincias socialistas. La prensa los presentó como culpables. No fueron condenados por falta de pruebas. Las líneas de ferrocarriles se duplicaron en este período, las líneas férreas tenían en 1874 una extensión de 1.331 km y en 1880, 2.516 km. Ferrocarriles Argentinos 1.241 km,. y de capital inglés, 1.275 km. Las líneas telegráficas superaron los 10.000 km. La agencia Havas inauguró un cable transatlántico y comenzaba a hablarse del teléfono como una realidad inmediata. |