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PRESIDENTE

 JULIO ARGENTINO ROCA

(SEGUNDA PRESIDENCIA)

Fuentes: Ricardo Levene y Ricardo Levene (h):  Historia Argentina y Americana; Historia Argentina. Tomo V - Ediciones Océano - Prof. Vicente Gesualdo

 

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Emilio Corbiere - La Masonería - Ed. Sudamericana

Fernando Sabsay - Los Presidentes Argentinos - El Ateneo

Félix Luna - Soy Roca - Altaya

Academia Nacional de Historia - Nueva Historia de la Nación Argentina - Ed. Planeta

Noemí Goldman - Historia Argentina - Ed. Sudamericana

 

La elección de Julio A. Roca, con el doctor Norberto Quirno Costa como vicepresidente, fue sumamente fácil, sin tener casi opositores. Hubo en el escrutinio unos cuantos votos proforma para Mitre. Se sostuvo que la reelección de Roca era garantía de paz y progreso; Pellegrini presidió la comisión que designó la fórmula Roca-Quirno Costa, en la convención del Partido Nacional, reunida en Buenos Aires el 11 de julio de 1897. 

La fórmula fue bien recibida, aunque la Unión Cívica mitrista y la Unión Cívica Radical orientada por Alem, resistían a Roca. Mitre, presidente de la Asamblea, proclamó el triunfo del binomio Roca-Quirno Costa para el período 1898-1904. 

Al asumir por segunda vez la presidencia de la República el 12 de octubre de 1898, se vio ante una situación muy distinta de la que debió afrontar en su primer gobierno. El país progresaba en forma vertiginosa; en los últimos años había duplicado su población, debido en gran parte al constante aflujo inmigratorio. Las actividades económicas y administrativa había crecido en proporción.

El vicepresidente Norberto Quirno Costa nació en Buenos Aires en 1844 y entró en la lucha periodística a los 22 años. En 1868 abandonó el periodismo e ingresó en la facultad de derecho mientras desempeñaba un puesto subalterno en las oficinas del Crédito Público. Una vez graduado fue nombrado secretario de la legación argentina en Río de Janeiro. Fue subsecretario de Relaciones Exteriores, que estaba a cargo del doctor Carlos Tejedor. En 1871-74 fue miembro de la Convención Constituyente de Buenos Aires; diputado en la Legislatura de la provincia y, desde 1878, fue ministro de Relaciones Exteriores por tres años durante la presidencia de Juárez Celman. Desde 1889 hasta marzo de 1890 desempeño el ministerio del Interior, fue ministro plenipotenciario en Chile en los años de tirantez y firmó el protocolo del 1º de mayo de 1893.

El primer gabinete estuvo formado por Felipe Yofré en Interior; Amancio Alcorta en Relaciones Exteriores y Culto; José María Rosa en Hacienda; Osvaldo Magnasco en Instrucción Pública; Emilio Frers en Agricultura; Emilio Civit en Obras Públicas; el general Luis María Campos en el ministerio de Guerra y el comodoro Martín Rivadavia en Marina.

Los ministros desarrollaron una acción importante. El doctor Joaquín V. González, ministro del Interior, que elevó a la consideración del Congreso un bien meditado Código del Trabajo, y fue autor de la reforma electoral de 1902, estableciendo la lista unipersonal; el general Luis María Campos como ministro de Guerra fundó la Escuela Superior de Guerra; el general Pablo Ricchieri, es el autor del proyecto sancionado con carácter de ley, sobre servicio militar obligatorio, sustituyendo el soldado de enganche por el conscripto. El doctor Osvaldo Magnasco, ministro de Instrucción Pública, autor de un plan de transformación de Colegios nacionales en Institutos de enseñanza práctica y profesional de acuerdo con las características y producciones de cada región, y más tarde el doctor Juan R. Fernández, que dedicó preferente atención a la formación del profesorado secundario. El ministro de Relaciones Exteriores, doctor Luis M. Drago, afirmó entonces la doctrina internacional que lleva su nombre, fundando el principio de que, del propio modo que en las relaciones individuales las leyes han abolido la prisión por deudas, así también entre las naciones no puede exigirse el cobro coercitivo de las mismas, en homenaje a la soberanía y personalidad de los Estados, sean débiles o fuertes. En la nota que el doctor Drago dirigió al ministro argentino en Washington, explicando su teoría, dijo que el principio que quería haber reconocido nuestro país era que la deuda pública “no puede dar lugar a la intervención armada ni menos a la ocupación material del suelo de las naciones americanas por una potencia europea”.

La creación de los nuevos ministerios de Agricultura y Obras Públicas, desempeñados por los doctores Emilio Frers y Emilio Civit, respectivamente, decretada por la Convención de 1898, promovió el fomento de la agricultura y ganadería, con métodos de explotación racional y el progreso de los medios de transporte, así como la realización de grandes obras de utilidad pública.

El intercambio comercial ofreció un incremento considerable, las exportaciones superaron en todo el período de la segunda presidencia de Roca a las importaciones y dejaron saldos muy importantes a favor del país. Con el incremento del intercambio comercial aumentaron las rentas fiscales, aunque también aumentaron los gastos administrativas. Las rentas seguían aumentando, pero el déficit fiscal del presupuesto no cedía en el crecimiento, dejando cada ejercicio financiero un déficit que se iba acumulando sobre los anteriores y obligaba a un servicio creciente de la deuda.

El 3 de noviembre de 1899, se dictó la ley de Conversión, mediante la cual el peso billete equivalía a 44 centavos oro. Se trató por esta ley de regularizar la cotización del papel moneda, asegurando su estabilidad y precio.

Con la inversión de capitales extranjeros, la construcción de ferrocarriles recibió nuevo impulso. En 1901 quedó restablecido el servicio íntegro de la amortización de la deuda externa; quedó extinguido el primer empréstito de 1824, de un millón de libras esterlinas. La deuda interna consolidada había disminuido en más de 30 millones de pesos moneda nacional.

La política internacional

Desde hacía varios años las relaciones bilaterales entre la República Argentina y Chile se encontraban prácticamente suspendidas. En 1881 se había negociado el tratado -con la mediación de los Estados Unidos- por virtud del cual ambos países se comprometían a “resolver amistosa y dignamente la controversia”, acordando que la cordillera de los Andes era el límite del norte a sur hasta el grado 52, y terminaba por lo tanto el debate sobre los indiscutibles títulos argentinos relativos a la Patagonia. A su vez, como compensación, la Argentina reconocía a Chile la mitad de Tierra del Fuego, islas adyacentes y costas del estrecho. Sólo en 1888 se firmó una convención adicional, para llevar a cabo la demarcación en el terreno. En cuanto los peritos dieron comienzo a su labor, surgieron nuevas y graves disidencias que plantearon por segunda vez la posibilidad de un conflicto armado. Pero en 1893 se firmó un protocolo en el que se resolvían las cuestiones de demarcación en Tierra del Fuego, las facultades de las comisiones, la relativa al punto de partida de la demarcación en la cordillera de los Andes, y la posibilidad de que existieran tierras argentinas en las costas del Pacífico. Se había resuelto, sobre todo, la divergencia de opiniones entre la teoría del perito chileno de “divortium aquarum”, o de “investigar en el terreno la línea divisoria de las rayas hidrográficas tributarias del Atlántico y del Pacífico, para fijar en ellas los hitos divisorios”, y la del perito argentino, que afirmaba que dicha interpretación no era la correcta del tratado de 1881, sosteniendo que la frontera de demarcación era la cresta de los Andes, de donde la línea divisoria no podía apartarse. En efecto, el protocolo de 1893 establece el cruzamiento de ríos, por la línea que continúa las cumbres de la cordillera, y por lo tanto descartaba la teoría del divorcio continental.

En 1898 se celebraron nuevas convenciones, y en lugar de resolverse, el pleito con Chile se complicó, pues la opinión argentina se asoció con la de Perú, país que tenía la grave cuestión pendiente de las provincias de Tacna y Arica, perdidas en la guerra del Pacífico.

El presidente Federico Errázuriz de Chile y el presidente Julio A. Roca decidieron entrevistarse para terminar el conflicto, citándose en el puerto de Punta Arenas. Allí se realizó la histórica reunión llamada “el abrazo del Estrecho”, expresión con la que se designa la comprensión recíproca y el acuerdo de dos grandes presidentes de América que supieron así evitar la guerra.

Por los Pactos de mayo de 1902 se convino con Chile la limitación de armamentos navales, y un tratado de arbitraje general, y la Argentina se retiró de la cuestión del Pacífico, entre Chile y el Perú.

Pocos meses después, en noviembre del mismo año de 1902, el rey Eduardo VII de Inglaterra falló el litigio, reanudándose las relaciones entre Argentina y Chile.

En relación a la política internacional americana de Julio A Roca, se intensificaron las relaciones con Brasil. En 1899 el presidente realizó un viaje a Río de Janeiro, acompañado de valores representativos en la política y en las letras. En retribución a ello, el presidente del Brasil, Campos Salles, visitó a Buenos Aires, dando lugar ambos hechos a grandes demostraciones de simpatía de los pueblos brasileño y argentino.

Conflictos sociales

Con el desarrollo de las primeras industrias y el creciente aumento de las actividades comerciales, el movimiento obrero no sólo se iba organizando gremialmente, sino que planteaba reivindicaciones de mejoras en la reducción de la jornada y en los salarios. Las condiciones de trabajo de las clases modestas eran desfavorables; los jornales bajos y las jornadas de trabajo demasiado largas dejaban al obrero en condiciones de inferioridad con respecto a otras clases sociales.

Ya había sido fundada la Federación Obrera Argentina (F.O.A.) y las huelgas y los boicots, actos públicos de protesta, se sucedieron a lo largo de 1900, 1901 y 1902. Las primeras huelgas violentas de trabajadores se produjeron en la capital y en las provincias de Buenos Aires y Santa Fe, el 17 de noviembre de 1902. Hubo choques entre huelguistas y rompehuelgas, entre obreros y la policía. Se declararon en huelga los peones de las barrancas y del Mercado Central de Frutos, solicitando la abolición del trabajo por tanto y a destajo y un jornal mínimo de cuatro pesos, la jornada de nueve horas, etc.

Los partidos de oposición tenían amplio campo para explotar; las reivindicaciones de los trabajadores, en general, eran incluidas en sus programas como base sustancial. La huelga fue apoyada con simpatía por los trabajadores y la opinión pública; estos movimientos decidieron al gobierno a redactar una ley de fondo para conciliar, por vías pacíficas, estables y jurídicas, las relaciones entre el capital y el trabajo.

El proyecto de Joaquín V. González sobre la aprobación de un Código del Trabajo, a pesar de contar con muchas de las demandas de las clases trabajadoras, careció del apoyo de la mayoría en el Congreso y no fue sancionado; indudablemente superaba las posibilidades de aquel momento, ya que se adelantaba al desenvolvimiento industrial del país, todavía limitado. No obstante, señaló rumbos para la legislación posterior, ya que consideraba plenamente las necesidades de la vida obrera.

Del florecimiento de las reivindicaciones sociales de los trabajadores nació la tendencia a reconocer que el poder no podía estar en manos de una oligarquía que utilizaba el simulacro electoral para justificar exteriormente su predominio. En la segunda presidencia de Roca se inició un viraje con la ley de diciembre de 1902 sobre las elecciones por circunscripciones. La reforma electoral del presidente y su ministro Joaquín V. González, sancionada por el Congreso en 1902, se aplicó en 1904 y fue anulada en 1905 y sustituida por la lista única.

Roca vivió hasta 1914 y, aunque no tenía intenciones de intervenir en política, su presencia no se ignoraba, como tampoco la de Mitre, aun fuera del gobierno. Aunque se mantenía absolutamente prescindente, estuvo a punto de ser detenido en Córdoba por los revolucionarios del 4 de febrero de 1905.

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