PRESIDENTE
HIPÓLITO YRIGOYEN
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El arte de la historia debe tender a mantener siempre viva la conexión entre los que contemplan el pasado y los realizadores del presente. Actuar es comprometerse un poco. Sin embargo, la participación tiene también sus positivas ventajas. Tomar parte en los negocios públicos, oler el polvo y el sudor del combate, estimulan y amplían la imaginación. Yrigoyen fue el exponente de una época de la vida argentina: la de la transición de la política bravía, casi de montonera, a la del amplio juego de la libertad del sufragio. Dirigiendo sus pasos con ejemplar constancia y firme decisión, Yrigoyen, don Hipólito, "el peludo", destinó su vida a esos altos objetivos. Fue el "caudillo" por excelencia, no el último de nuestra incipiente democracia, pues la presencia posterior de Juan Domingo Perón, confirma la presencia de otro caudillo capaz de "armar" un gran movimiento nacional. En 1916, después de cuatro lustros de abstención activa, el radicalismo se aprestaba a concurrir a las elecciones. Sucesivos triunfos provinciales en Santa Fe, Entre Ríos y Córdoba, empuñados en la provincia de Buenos Aires por viejos hábitos fraudulentos, baluarte del caudillo conservador Marcelino Ugarte, presagiaban la posibilidad de su advenimiento al poder. Representaba los anhelos y las angustias de las masas descontentas de la República, en lo cual primaba su prestigio, su carácter nacional. Su programa era harto simple: el cumplimiento de la Constitución Nacional. Programa vago pero promisor de fuerte raigambre moral. Abatir los feudos provinciales, destruir la inmoralidad administrativa y política y asegurar el mejoramiento social. Adquiría en cierto modo, el halo místico de lo desconocido, personificándose en la figura de su dirigente máximo, Hipólito Yrigoyen. La falta de programa escrito fue uno de los fuertes argumentos de sus adversarios: "montoneros sin ideas ni principios". En el manifiesto sometido a la ciudadanía ante los comicios, el 30 de marzo de 1916, el radicalismo expresaba los fines de su acción política: "La UCR es la Nación misma bregando hace veintiséis años para libertarse de gobiernos inspiradores. Es la Nación misma y, por serlo, caben dentro de ella todos los que luchan por los elevados ideales que animan sus propósitos". Sin duda las huellas del pensamiento filosófico del Krausismo servían de fuente primera a toda reflexión política. La moral como principio conductor en la acción política. Carlos Ibarguren fue un renombrado historiador perteneciente a la línea conservadora, uno de los notables al lado de Lisandro de la Torre en la formación del Partido Demócrata Progresista iniciado desde fines de 1914 procurando integrar una fuerza representativa de las agrupaciones provinciales (ocho en total), intentando, frente al progreso de los partidos "avanzados" (radicalismo y socialismo), triunfantes cada uno a su turno en la Capital Federal en 1912, 1913 y 1914, organizar la resistencia con los tradicionales grupos gobernantes. Él escribió después del significativo triunfo de 1916: "Yrigoyen al asumir el gobierno no representaba ya el viejo radicalismo romántico de Alem, (quien) realizaba no una revolución puesto que no traía consigo ningún contenido ideológico, sino un simple desplazamiento de una clase predominante para reemplazarla por otra. Pero ese gobierno de Yrigoyen fue, en nuestra historia, muy representativo, no porque significara el de una mayoría electoral, sino porque entregó la suerte del Estado y sus resortes políticos al dominio de un vasto estrato de la sociedad argentina..." (es decir la clase media y la Argentina de la inmigración). Hipólito Yrigoyen nació el 12 de julio de 1852, en una familia modesta. Eran los padres Martín Yrigoyen y Marcelina Alem (véase cuadro genealógico). sus estudios primarios y secundarios se vieron muchas veces interrumpidos para ayudar a su progenitor en tareas comerciales. Años después entró en el estudio jurídico que compartían su tío Leandro N. Alem y Aristóbulo del Valle. Inició su actividad política en las filas del Partido Autonomista que acaudillaba Adolfo Alsina. Muy joven, fue designado comisario de policía de la seccional 14. Entretanto proseguía sus estudios de abogacía, en los que aprobó el cuarto año. En 1870 acompañó a su tío y a Del valle en la formación del Partido Republicano. En 1878 fue diputado en la provincia de Buenos Aires y lo eligieron diputado nacional en el período 1880-1882. Sarmiento, presidente del Consejo Nacional de Educación, lo designó presidente del Consejo de Balvanera. En 1881 fue nombrado profesor de Historia Nacional, Instrucción Cívica y Filosofía en la Escuela Normal de Maestros. Durante 24 años dictó esas materias, hasta que fue exonerado como consecuencia de la revolución de 1905. Prosiguió su actividad política, convirtiéndose en el impulsor de la organización del nuevo partido, la Unión Cívica, en la provincia de Buenos Aires, y al que de a poco agregará el aditamento "Radical", Iniciaba así su posición de revolucionario e intransigente. En el año 1893 había habido revoluciones provinciales del radicalismo en Santa Fe, San Luis y Buenos Aires, donde Yrigoyen había dirigido personalmente el levantamiento. En febrero de 1905, otro movimiento subversivo, contando con la adhesión de muchos oficiales jóvenes del ejército, estalló en Buenos Aires, Rosario, Bahía Blanca, Córdoba y Mendoza. Fue aplastado después de varios días de lucha. En la contienda presidencial de 1916, con aplicación de la Ley Sáenz Peña, después de haber rechazado varias veces la candidatura, aceptó finalmente, expresando lo que sería su credo casi místico en la acción política: "Mi credo, ante todo, ha sido el de un desagravio al honor de la Nación y el de la restauración de su vida moral y política". Asume la Presidencia el 12 de octubre acompañado, como vice, por el riojano Pelagio Luna, que había vencido en la elección interna del partido por ese cargo, a Vicente Gallo. Robert A. Potash, el historiador norteamericano, es tal vez quien brinda, dentro de tantos estudios sobre la personalidad del líder, el cuadro más objetivo del caudillo; elogios algunos y ásperas críticas. La personalidad esotérica, no de fácil palabra y proclive a la misteriosa sombra, con escasas apariciones públicas, donde además, por falta de documentación fehaciente, sólo encontramos conjeturas que envuelven los velos no corridos de la trayectoria humana de Don Hipólito. "Líder carismático -escribe Potash-, la figura más popular en la historia argentina antes de Perón (...), ni los limitados logros del primer gobierno ni sus seis años fuera del poder le han sacado del lugar especial que tenía en el corazón del argentino medio (...); su fuerza provenía más bien de su persuasión personal, su habilidad para convencer (...); voluntarioso, tenaz, firme creyente en su propia misión histórica de redentor de los menesterosos, proyectaba su sinceridad de propósitos y una autoridad difícil de resistir". después de la fatídica revolución que lo derrocó en su segunda presidencia, en 1930, fue trasladado, preso, a la isla Martín García. regresó en 1932 a la Capital intentando reconstruir su movimiento radical. De manera inesperada, sin enfermedad previa, lo sorprendió la muerte el 3 de julio de 1933. Su política interior, quedó clara desde su primer mensaje el Congreso: "No ignora Vuestra Honorabilidad, que la tierra pública fue la piedra del escándalo de todos los abusos de una época. El país es testigo de su salteamiento y así vio esa poderosa riqueza dilapidada (...) La tierra pública, empleada como elemento de trabajo, es el más poderoso factor de civilización. De ahí que una Nación con el grado de cultura a que ha llegado la nuestra no debe desprenderse de sus tierras sino para entregarlas a la labor de muchos, a la colonización intensa y a la radicación de hogares múltiples. El latifundio retarda el progreso, porque especula a sus expensas, sustrayendo esas grandes extensiones a toda útil y vigorosa acción colectiva". Los funcionarios que acompañaron su gestión de gobierno, los buscó entre la clase media, hasta entonces poco vinculada a las grandes corporaciones de capital internacional; no eran tan elegantes al vestir como sus antecesores; no conocían tan bien el idioma nacional ni conocían Europa. La vida austera, de abstención y renunciamiento a las posiciones expectantes, el desprecio por lo fatuo y el lujo que demostró el jefe indiscutido del radicalismo después del suicidio de su tío Leandro N. Alem, no fueron necesariamente los ejemplos que llevaron muchos de sus correligionarios en la vida pública. Incorporados a los privilegios y ventajas del poder, cómodamente sentados en sillones ministeriales, caminando en mullidas alfombras, en veladas brillantes en el Teatro Colón, creyeron ver cumplida con su presencia la transformación social prometida; la frivolidad placentera los "ablandó" y se dejaron llevar por el mundillo que aspiraron cambiar desde el llano. El 12 de octubre de 1916 asumió el mando que había ganado en el Colegio Electoral con 152 electores. Es bueno recordar que en su fe de bautismo, el 19 de octubre de 1856, cuatro años después de su nacimiento, se encuentra inscripto como Juan Hipólito del Corazón de Jesús; así como, también, cursaría sus primeros estudios en el Colegio San José de Padres de Bayona. No es de extrañar, exaltado por el común origen hispánico, que una de sus primeras medidas, fuera un decreto de 1917 en que rendía "homenaje a España progenitora de naciones", instituyendo el 12 de octubre como Día de la Raza, puesto "que el descubrimiento de América, dice en sus fundamentos, es el acontecimiento de más trascendencia que haya realizado la humanidad a través de los tiempos". Luego del juramento ante la Asamblea Legislativa, el primero que conversó con él fue Marcelo T. de Alvear: "¿Qué tal? ¿Está emocionado, presidente? -le preguntó y le estrechó la mano con la amistad que inspira la confianza. Yrigoyen le respondió: ¿Yo? ¡No! Estoy pensando a quién entregaría mi galera y mi sobretodo". La reciente ovación no le ha conmovido un músculo. Finalizado el acto solemne, Don Hipólito se ve arrastrado por un verdadero alud humano en su marcha hacia la Casa Rosada. Los caballos del carruaje presidencial han sido desenganchados y "el mandatario se entrega a los brazos de su pueblo, conducido entre los vaivenes de la muchedumbre. Sin guardias, sin ejército, sin polizones". Estos son los recuerdos del embajador de España Pablo del Soler y Guardiola, presente en la ceremonia. No faltaron las críticas de los adversarios encontrando semejanzas con lo ocurrido en los fastos de la dictadura rosista. Carlos Floria lo explica: "El líder no se consideraba la síntesis de la Razón pública como el antiguo notable, sino la voluntad popular y de la soberanía nacional". Durante todo el período del a presidencia, Yrigoyen encontró la hostilidad del Senado con mayoría conservadora, polo de oposición permanente que lo llevó a ordenar la intervención a las provincias por decreto. de este modo alcanzó el gobierno, trabados sus movimiento por el ordenamiento legal subsistente, el del "Régimen", no pudiendo realizar sino parcialmente la obra de "reparación". En las propias filas de su partido, pronto empezaron a perfilarse discrepancias que cercenarían su capacidad de acción. "El poder federal emplea la fe jurada de dar a los estados provinciales después de la intervención, sus gobiernos verdaderos (...), l autonomía es la que recién ahora se ha de consagrar". Los adversarios interpretaron esta política como una demasía tendiente a desposeerlos del poder. Así, el entonces diputado nacional Matías Sánchez Sorondo, fundando su proyecto de juicio político al presidente, el 6 de noviembre de 1919 dijo en la Cámara: "Las autonomías argentinas bajo el gobierno del señor Yrigoyen se van convirtiendo en tierras conquistadas, en satrapías, en preconsulados (...), provincias robadas a las instituciones, robadas a sus pueblos". Sobre veinte intervenciones resueltas de 1916 a 1922, sólo cinco lo fueron por ley del Congreso. No está de más recordar, frente a las escasas críticas, que diez intervenciones fueron dispuestas a provincias gobernadas por radicales. En su gobierno se respetaron plenamente las libertades y garantías individuales, pese a que el periodismo llegó a críticas linderas con la injuria y la calumnia. Tampoco se realizaron persecuciones políticas y policiales, y el Poder Judicial pudo actuar con plena independencia. No aplicó el estado de sitio,, aún en situaciones límites. No fue un dictador, sino más bien un "mandón" que imponía su sello personalista en los más mínimos detalles de la administración y de la política. En todas las elecciones de diputados nacionales de 1916 a 1922, el radicalismo se impuso por grandes diferencias sobre sus oponentes, aumentando la representación parlamentaria. Acción de gobierno: Pacifista por vocación, reiteró en los años de la Primera Guerra Mundial en que le tocó gobernar la posición de neutralidad frente al conflicto europeo. En 1920, terminada la contienda y al iniciarse la Liga de las Naciones, Yrigoyen envió una delegación encabezada por el canciller Honorio Pueyrredón a las sesiones en Ginebra, con las expresas instrucciones de que la entidad que iba a constituirse no debía ser la expresión del bando vencedor en la Guerra, sino una asociación de todos los Estados soberanos. Como esta posición no fue aceptada retiró la delegación. En el plan de recuperación económica nacional, dos medidas: creación del Banco Agrícola y de la Marina Mercante Nacional, a lo que se agregaba el aumento de la producción petrolera. Ambos proyectos no fueron aprobados y el Poder Ejecutivo retiró los proyectos de ley en 1917. Siguieron igual suerte otros proyectos, entre ellos el plan de instrucción pública, la lucha antituberculosa, leyes orgánicas para el Ejército, la Armada, la creación de la Gendarmería Nacional, la organización de establecimientos penales y el proyecto del Código de Trabajo, que ni siquiera fue tratado. Yrigoyen expresaría más tarde: "Tuve sistemáticamente la resistencia conjurada de todas las agrupaciones sin que los juicios antagónicos al Gobierno ilustraran la difícil nota con racionamiento alguno que pudiera inducirlo a mejores orientaciones". Debido a las divergencias con el Poder Legislativo envió un proyecto que sometía a la decisión de la Corte Suprema el pronunciamiento sobre conflictos de poderes. No prosperó, se postergó como el juicio a los justos. La firme oposición de Yrigoyen, convencido de la soberana igualdad de los Estados, impidió la ratificación del Tratado de A.B.C. Dicha actitud aventó las justas preocupaciones de las repúblicas germanas frete a esa política de preeminencia. En materia educativa se fundaron en la capital 37 institutos secundarios y 12 escuelas de artes y oficios. En las provincias y territorios nacionales se crearon 3.126 escuelas primarias y en el período 1916-1922 la población escolar aumentó en más de 400.000 alumnos. Se redujo el analfabetismo del 20% al 4%. Se creó el bachillerato nocturno, de gran aceptación por la clase obrera implantándose obligatorio el guardapolvo blanco, que igualaba socialmente a los escolares. Como dijimos, el proyecto de instrucción, con disposiciones revolucionarias en los tres ciclos de la enseñanza, no fue tratado en comisión de las cámaras. En 1919 se inauguró la Universidad del Litoral y dos años más tarde se nacionalizó la de Tucumán. En materia ferroviaria, se dictó la caducidad de concesiones de plazo vencido, que alcanzaban casi 10.000 km, aproximándose un 30% de la red existente; proyecto de nacionalización de la red y la integración de todas las regiones superando el esquema portuario. Es de destacar, en 1920, la jubilación para los obreros y empleados d empresas particulares que prestaban servicios públicos: gas, luz, telégrafo y teléfonos. Además, hubo aumento general del salario y reducción de la jornada de trabajo a 8 horas diarias. Féliz Luna define la política obrera de Yrigoyen, llamada solidarista, en tres grandes líneas: "Una, la solución circunstancial de los conflictos entre el capital y el trabajo, planteados sobre todo en los dos primeros años de du sobierno; otra, las iniciativas legislativas de protección al obrero y sus condiciones de trabajo (...). Y la última, en forma de proyectos tendientes a un ordenamiento de la previsión social y asistencia al trabajador en todas las etapas de su vida". La sucesión presidencial: El clima de descontento interno se agudizó frente a la elección de la fórmula presidencial partidaria que convirtió al partido radical en un perfecto arco iris político (radicales blancos, rojos, negros, azules, etc.). Fórmulas: azul, Vicente Gallo-Arturo Goyeneche; principista: Miguel Laurencena-Carlos F. Melo. Empezó a circular el nombre del embajador argentino en Francia, Marcelo T. de Alvear. El presidente había tenido siempre por Marcelo un especial afecto. El 11 de marzo de 1922, la Convención Nacional elegía la fórmula Marcelo T. de Alvear-Elpidio González con 139 sufragios contra 45 de varios candidatos. La elección de abril de 1922 dio el siguiente resultado: UCR: 458.457 votos, 235 electores; Concentración Nacional (conservadores) 200.080 votos, 60 electores; Partido Demócrata Progresista 73.222, 10 electores; Partido Socialista 73.186 votos. HECHOS NOTABLES La Revolución rusa de 1917. Victoriosos los soviéticos el 7 de noviembre, el gobierno fue presidido por Nicolás Ilich Ulianov (Lenin), a quien acompañaba León Trotsky. En realidad, la revolución había comenzado en 1905 durante la guerra contra Japón, en la que el descontento popular se manifestó violentamente. El Estado Comunista fue el acontecimiento mundial de la época con repercusiones en los más diversos rincones del planeta. A Mediados de 1918 se produjo en la Universidad de Córdoba, la más tradicional del país, un movimiento de protesta. Los estudiantes lanzaron un Manifiesto conocido como la Reforma Universitaria, donde exigían: revisar los planes de estudio, renovar sus métodos, jerarquizarse culturalmente y enrolarse en las inquietudes progresistas del quehacer contemporáneo. Movimientos similares a los de Córdoba se produjeron poco después en Uruguay, Chile, Perú, Venezuela, Cuba y México. No se equivocó el texto del Manifiesto de la Reforma Universitaria al decir: "Estamos viviendo un ahora americana (...), adoptando una posición de vanguardia en las luchas de liberación económica y social". "Veo en la Reforma Universitaria -dijo Yrigoyen dirigiéndose a los estudiantes- la posibilidad de una decisiva contribución al renacimiento idealista de la República". Una serie de huelgas largas y violentas afectaron a la economía nacional: ferroviaria, portuaria, metalúrgica... Se destaca la iniciada en los talleres metalúrgicos Vasena, en enero de 1919, conocida, por sus consecuencias como la "Semana Trágica". La huelga comenzó en diciembre con demandas salariales y horarios de trabajo. Se produjeron episodios que dejaron muchas víctimas llegando a poner en peligro la propia estabilidad del gobierno. Ataques a comisarías, numerosos tiroteos, una verdadera persecutoria encuadrada por sectores reaccionarios. El otro hecho luctuoso fue el llamado "drama patagónico", en Río Gallegos, clima de insubordinación creado por diferentes factores. Intervinieron fuerzas del Ejército al mando del teniente coronel Varela, quien recibió al llegar los más contradictorios informes. Actuó con una dureza extrema. Uno de los oficiales de la expedición, el entonces capitán Elbio C. Anaya, la definió como "campaña militar sangrienta de la Patagonia". Varela impuso la ley marcial sin haberlo dispuesto los poderes públicos. En tres meses sometió, en combate, a los huelguistas. Leopoldo Lugones después de sus discursos en el Teatro Coliseo, en julio de 1923, en los que denosta la acción de los extranjeros, propicia un control más severo de la inmigración, la expulsión de los extranjeros indeseables y el fortalecimiento del Ejército. Fue entonces cuando pronunció su célebre frase, adelantándose con sus arengas al fatídico año 1930: "ha sonado otra vez, para bien del mundo, la hora de la espada". Asume por su vitalismo el papel de Gabrielle D'Annunzio en el proceso del nacionalismo italiano. Reverenciaba la fuerza como la vida misma, "la fuerza y sólo la fuerza...". Las primeras logias militares, se constituyen en 1921, en dos agrupamientos que en diciembre de ese año se fusionan con el nombre de la Logia General San Martin. Logran el control del Círculo Militar, como grupo de presión, y le imponen posteriormente al Presidente Alvear, como ministro de Guerra, al entonces coronel Agustín P. Justo. En 1920, Mendoza es azotada, el 15 de diciembre por un fuerte terremoto. Para recordar al creador de la bandera argentina, Manuel Belgrano, en el centenario de su muerte, el 20 de junio de 1920 se realiza un Tedéum en la Catedral Metropolitana, con la presencia del primer magistrado, ministros y delegados de las naciones del mundo. En marzo de 1921, el joven maestro cubano José Raúl Capablanca vence al que se consideraba imposible de vencer, al campeón de ajedrez Emanuel Lasker. El formidable boxeador Jack Dempsey, futuro contrincante de nuestro peso pesado "El Toro de las Pampas", Luis Ángel Firpo, vencía en el 4to. round al más científico de los pugilistas, el francés Georges Carpentier. El 2 de agosto, en el Totel Vesuve de Nápoles, se extinguía la vida del tenor Enrico Caruso, una de las mayores glorias de la lírica mundial, aplaudido temporadas en el Teatro Colón.
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