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PRESIDENTE

 RAMÓN S. CASTILLO

Fuente: SABSAY, Fernando; Presidencias y Presidentes constitucionales argentinos. Colección Fin del Milenio

 

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Nacido en Catamarca el 20 de noviembre de 1873, fueron sus padres Rafael y María B. de Castillo. A los 18 años resolvió dejar su provincia natal para venir a Buenos Aires e iniciar sus estudios en la Facultad de Derecho, donde llegó a ser profesor titular de Derecho Comercial y Decano entre 1923 y 1928. Jurisconsulto de formación académica en la docencia y en el ejercicio de la profesión, alcanzó una brillante carrera judicial en la que empezó como meritorio en 1893 hasta llegar a Camarista en la Cámara de Apelaciones en lo Comercial hasta su retiro en 1918.

En política se inició en 1930 en el gobierno provisional del general Uriburu, como interventor en la provincia de Tucumán durante cinco meses. Desde 1932 a 1935 fue senador nacional por su provincia, y luego ministro del Interior, cargo que renunció al aceptar la candidatura a vicepresidente. Con la renuncia del presidente Roberto M. Ortiz por razones de salud, aceptada su decisión por el Congreso Nacional el 27 de junio de 1942, le correspondió a su compañero de fórmula, Ramón S. Castillo, por mandato de la Constitución Nacional, finalizar el período para el que habían sido elegidos: 1938-1944.

El presidente Castillo consideraba el fraude como una desviación en el ejercicio de la política. En esto coincidía con el pensamiento del presidente Ortiz, pero con una gran diferencia: para Ortiz el objetivo en el desempeño de la Primera Magistratura era cumplir fielmente con el principio democrático expresado en la Ley Sáenz Peña, mientras que Castillo creía que si un gobierno estaba sólo apoyado por una minoría de votantes tenía que recurrir a esa maniobra espúrea, el fraude, para no perder el poder. Estaba convencido de que era el único camino a adoptar, pues era un hábito arraigado en todos los partidos políticos.

El "viejito Castillo", como le decían por el aspecto exterior que presentaba en el vestir, en el andar, y en el trato, era sin embargo un hombre de gran energía, firme en sus convicciones, diríamos sin exagerar, "testarudo". Ortiz decía frecuentemente, refiriéndose a su vicepresidente: "Don Ramón es de Ancasti, y las mulas de Ancasti son las más tercas de Catamarca (el origen de esta palabra es resultado de la combinación de otras dos: Kata=falda o ladera; marca=pueblo o comunidad).

Su política internacional durante la Segunda Guerra Mundial, fue la de mantener el país en la neutralidad. Esto produjo profundas perturbaciones en todos los campos, social, político, económico e internacional. La guerra submarina impedía el comercio exterior, base fundamental de los ingresos para cubrir los gastos presupuestarios. Había escasez de bodegas para exportar lo producido y, además, se hacían imprescindibles ciertos insumos para seguir creciendo.

Argentina se encontraba aislada del resto de las naciones y el presidente, con energía, encaró la difícil situación nombrando una comisión asesora presidida por el almirante Francisco Stewart, de su absoluta confianza. A pesar de la oposición de sectores empresarios y de la campaña de la prensa, logró que en septiembre de 1941 una ley del Congreso legalizara las medidas que había dispuesto y mediante un decreto, el 103.316, creaba días después la Flota Mercante del Estado. A fines de 1942 el organismo explotaba 42 barcos, al servicio de ultramar, autónomo en la jurisdicción del ministerio de Marina, con un personal de 15.000 trabajadores. ¿Qué había hecho el presidente Castillo para lograrlo? Compró los barcos de los países beligerantes que estaban en puertos argentinos: dieciséis italianos, cuatro daneses, tres alemanes y tres franceses.

La política económica fue de corte nacionalista: expropió el puerto de Rosario, en manos de una concesionaria francesa; nacionalizó la Compañía Primitiva de Gas, en explotación británica; creó la Dirección de Fabricaciones Militares y los Altos Hornos Zapla, acompañado en estas últimas medidas por el general Manuel Savio,

En política interna, en octubre de 1941 disolvió el Concejo Deliberante de la Capital, muy desprestigiado desde 1936 por el negociado de la CHADE (Compañía Hispano-Argentina de Electricidad). Se agregaba el arreglo de los concejales, recibiendo mensualmente retribuciones por las concesiones a las líneas de colectivos.

El autoritarismo de Castillo era cada vez mayor, y al declarar el estado de sitio, en diciembre de 1941, preguntándole algún periodista si el decreto había sido aprobado por la totalidad de los ministros, contestó con picardía provinciana: "Sí, por unanimidad... de uno. O sea yo, que soy quien decide".

Apoyado por los grupos nacionalistas y los sectores de la misma tendencia en el Ejército, equilibrada la fuerte influencia que tenía el general Justo en el arma (al que le respondía el ministro de Guerra, general Tonazzi, que había impedido los intentos golpistas de febrero y septiembre de 1942ç1, para conservar la legalidad y la reelección del ex presidente Justo) apoyado por los grupos aliadófilos.

Castillo, en la primera semana de octubre de 1941, recibió el ofrecimiento de apoyo de varios militares nacionalistas, siempre que disolviese el Congreso y los partidos políticos, impusiese una estricta censura de prensa y efectivizara medidas represivas si eran necesarias. Castillo no se atrevió a aceptarlo y en noviembre de 1942, al renunciar el general Tonazzi por haber levantado las sanciones de los golpistas del año anterior, Castillo aprovechó para nombrar al general Pedro Pablo Ramírez. La muerte, en enero de 1943, del general Justo, favorecía por segunda vez al entronizamiento autoritario del presidente. Tal es así que durante el verano de 1943 había logrado imponer la fórmula presidencial del a Concordancia para 1944-1950: Robustiano Patrón Costas-Manuel de Iriondo.

Al conocerse la fórmula, y sabiendo que el candidato a presidente era partidario de los aliados, las logias militares, atentas a no permitir modificaciones en la política internacional, decidieron la destitución de Castillo. Y como se descontaba que la elección para imponer a Patrón Costas se realizaría recurriendo al fraude electoral, contaron, también, con grupos militares democráticos que participaron del movimiento calculando que, caído Castillo, se iniciaría una etapa de libertad electoral.

Prolegómenos de la revolución de 1943.

Cuando parecía que la elección del senador salteño Robustiano Patrón Costas era un hecho, ya que no tendría oposición en las elecciones presidenciales, se hizo visible una logia militar, el GOU (Grupo de Oficiales Unidos, encabezada por los tenientes coroneles Miguel A. Montes y Urbano de la Vega, que actuaron en representación de Juan Domingo Perón, verdadero inspirador, junto con otros militares, de este factor de poder militar que tendría un papel definitivo en el futuro político de la Patria. Se agregaron los militares Juan Carlos Montes, Agustín de la Vega, Pedro P. Ramírez, Aristóbulo Mittelbach y Arturo Saavedra. Todos éstos habían tenido alguna actuación en las asonadas nacionalista anteriores.

El 10 de marzo de 1943, en un salón del Hotel Conte, unos veinte oficiales del Ejército se constituyeron en Logia, redactando una serie de normas a las que ajustarían la acción. La revolución, sin auspicio concreto de partido político alguno, se cumplió fácilmente el 4 de junio de 1943. En Campo de Mayo se reunieron en la Escuela de Caballería hasta la madrugada anterior los catorce jefes de unidades, resolviendo que en la madrugada saldrían las tropas hacia la Capital.

El general Arturo Rawson, el más antiguo, encabezó el movimiento y se puso al habla con los almirantes Sabá y Benito Sueyro quienes le aseguraron el apoyo de la Marina. El general Ramírez llevó a la residencia presidencial la noticia de lo ocurrido, asegurando que el hecho era irreversible y que Castillo tenía pocas horas como presidente.

Montes y Perón redactaron la proclama: "Al pueblo de la República: las Fuerzas Armadas de la Nación, fieles celosas guardias del honor y las tradiciones del pueblo argentino, han venido observando silenciosa pero muy atentamente las actividades y el desempeño de las autoridades superiores de la Nación. Ha sido ingrata y dolorosa la comprobación. Se han defraudado las esperanzas de los argentinos, adoptando como sistema la venalidad, el fraude, el peculado y la corrupción. Se ha llevado el agobio al escepticismo y a la postración moral, desvinculándolo de la cosa pública, aplicada en beneficio de siniestros personajes movidos por la más vil de las pasiones. Dichas fuerzas, conscientes de la responsabilidad que asumen ante la historia y ante el pueblo, deciden cumplir con el deber de esta hora, que impone actuar en defensa de los sagrados intereses de la Patria".

Al tener conocimiento el primer mandatario de que las tropas habían salido a las 4 de la madrugada de Campo de Mayo, designó al general Rodolfo Márquez jefe de las fuerzas de represión. Luego, con sus ministros, abandonó la Casa de Gobierno trasladándose al rastreador de la armada nacional "Drummond", enarbolando la insignia de comandante en jefe. Acto seguido envió a la Corte Suprema un mensaje, argumentando que "ante la rebelión desde aquí se resguarda la autoridad nacional para restablecer el orden".

La revolución triunfante obligó a la nave a acatar las órdenes de las nuevas autoridades. La nave de guerra enfiló el día 5 a la rada exterior del puerto de La Plata. El representante del gobierno revolucionario, general Diego Mason, esperaba a Castillo a quien acompañó hasta el cuartel 7 de infantería. En el despacho del jefe del regimiento, Ramón S. Castillo solicitó papel y redactó su renuncia: "Señor Comandante de las fuerzas militares: presento al Señor Comandante mi renuncia indeclinable del cargo que desempeño. La Plata, junio 5 de 1943".

El golpe de Estado del 4 de junio de 1943 fue uno de los pocos genuinamente militares de nuestra historia. Lo encabezaba la Logia semisecreta GOU, cuyos miembros eran oficiales de las Fuerzas Armadas para que ocupasen los principales cargos administrativos y políticos del gobierno. La Constitución Nacional quedó suspendida sin término. Rawson fue el casual jefe del movimiento, y al intentar formar gabinete fue destituido. En su reemplazo eligieron al ex ministro de Guerra, Pedro Pablo Ramírez. El 24 de febrero de 1944, también debió renunciar.

El GOU ganaba y ganaba más posiciones; su vocero era el diario germanófilo, El Cabildo.

El general Edelmiro J. Farrel, vicepresidente, se hizo cargo de la Presidencia, a pesar de algunos grupos en su contra (Movimiento Renovación). Inmediatamente nombró a Juan Domingo Perón como ministro de Guerra, quien desde este cargo llegó a dominar la estructura militar.

HECHOS NOTABLES

El 20 de enero de 1943, Chile rompe sus relaciones con el Eje, quedando la Argentina como único país neutral en América. Se decreta la Ley Marcial. En diciembre se disuelven los partidos políticos. El 5 del mismo mes llega al país el presidente del Paraguay, general Morínigo. También en diciembre, se reúnen en Teherán Roosevelt, Churchill y Stalin. La suerte de Hitler y Mussolini llega al ocaso. Tres días de duelo en Alemania por la derrota de Stalingrado.

El 10 de enero de 1944, un terremoto destruye San Juan a las 20:45 horas. Millares de víctimas: 7.000 muertos y 12.000 heridos. El 26 del mismo mes, Argentina rompía relaciones con el Eje. Se clausuran diarios que hacían propaganda a favor de los regímenes totalitarios de Alemania e Italia. Proyecto de Estatuto de los Partidos Políticos. El 4 de junio los aliados ocupan Roma y el 6 una poderosa invasión desembarca en Normandía. Poco después, París sería liberada.

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