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Lo
que había sido concebido como una estrategia de carácter evasivo
tendiente a ignorar el creciente clima de malestar social y -al mismo
tiempo- promovido para la obtención de consenso social, se derrumbaría
en poco menos de 80 días y la condena a muerte de jóvenes de 18 años
devenidos en heroicos y abandonados combatientes. La
Guerra de Malvinas, lejos de constituir un subterfugio capaz de garantizar
nuevos bríos y perpetuidad para la dictadura militar, socavaría
definitivamente al régimen. La renacida y aguda crisis política, no se
cobraría solamente como víctima al derrotado presidente de facto Leopoldo
Fortunato Galtieri. Por el contrario, el rechazo colectivo adquiriría
la forma de un absoluto repudio a la tutela y opresión militar y, con
ello, un clamor colectivo creciente a favor de la verdad, la justicia y
los derechos humanos. Con
la renuncia de Galtieri el comandante del Ejército, general Cristino
Nicolaides, designaría al general retirado Reynaldo Benito Bignone como
presidente de la República. Se trataba de preparar una retirada militar
del poder lo más decorosa posible para el sector castrense y, para ello,
nada mejor que ubicar a un "componedor" al frente del Poder
Ejecutivo. Bignone
promovería un mayor intercambio político institucional con la entonces
Multipartidaria (ámbito de confluencia de numerosos líderes y
expresiones partidarias) aunque con un objetivo esencial: garantizar
condiciones que aseguraran la intangibilidad de los miembros y
funcionarios del "Proceso" en términos judiciales. Pero
la cuestión no resultaría tan sencilla para el régimen saliente.
Algunos líderes políticos como Raúl Alfonsín, aún durante el efímero
júbilo triunfalista instalado durante los días del conflicto militar, no
solamente señalarían su férrea oposición al suceso bélico, sino que
además exigirían información y esclarecimiento frente a la causa de las
víctimas de la represión de Estado y el descalabro en el que la
Argentina se hallaba sumergida. Con el fin de la guerra, los actos políticos
se incrementarían de un modo exponencial. La
Multipartidaria también endurecería su posición frente a la dictadura.
El 16 de diciembre de 1982 más de 100.000 personas concurrirían a un
acto de protesta convocado por la Multipartidaria, las Juventudes Políticas,
Organizaciones de Derechos Humanos y Sindicatos. Pese al desgaste del régimen,
la represión sería intensa, dejando como saldo la muerte del joven
manifestante Dalmiro Flores. Pero ello, lejos de oficiar como un factor de
dispersión, provocaría un mayor incremento de participación en las
sucesivas movilizaciones populares en defensa del retorno de la
democracia. Días después Raúl
Ricardo Alfonsín, quien ya asomaba como firme candidato a ocupar el
sillón presidencial por vía democrática, convocaría a un acto
multitudinario en el estadio Luna Park. Durante
1983 los argentinos, a partir de iniciativas impulsadas por el ministro de
Economía Jorge Wehbe comenzarían a familiarizarse con un término que -años
después- se transformaría en una expresión tristemente familiar: los créditos
stand by, eufemismo de préstamos contingentes y vinculados a la
refinanciación e incremento de la deuda externa. La
presión política y social creciente, obligaría a Bignone a anunciar la
convocatoria a elecciones para el 30 de octubre de 1983. No obstante, ello
no significaría dejar sin efecto las maniobras militares destinadas a
licuar de poder al futuro gobierno democrático, fundamentalmente en
relación a todo intento de revisión de lo actuado por el Proceso de
Reorganización Nacional. Durante
el mes de septiembre, a tan solo dos meses de las elecciones generales, el
presidente Bignone firmaría la "Ley de Pacificación Nacional",
a la sazón, un decreto en que se fijaba una auto amnistía para todos
aquellos que habían formado parte del poder militar desde 1976 a la
fecha. Como respuesta a la "iniciativa" se incrementaría la
movilización popular. A
esta altura de los acontecimientos la puja electoral ya se encontraba lo
suficientemente clara como para advertir quienes serían los candidatos
que efectivamente pugnarían por el triunfo electoral. La Unión Cívica
Radical respaldaría a Raúl Alfonsín quien se había impuesto en
elecciones internas a su rival Fernando
De la Rúa. El Partido Justicialista, por su parte, impulsaría la
candidatura del dirigente Italo Argentino Luder, quien ya había formado
parte del gobierno de María
Estela Martínez de Perón previo al golpe militar. La
campaña política adquiriría creciente temperatura, conforme al
acercamiento del día de las elecciones. Ambos candidatos convocarían a
actos verdaderamente multitudinarios quizás como nunca se habían
registrado en la historia nacional. Los pronósticos electorales
resultaban inciertos. El periódico Tiempo Argentino diariamente publicaba
una encuesta que daba cuenta tanto de la paridad, como del entusiasmo
colectivo. Realmente no quedaba claro quién resultaría vencedor de la
contienda electoral. Sin embargo, el candidato Luder poco podría hacer
para disimular lo que sin dudas constituía para su triunfo un difícil
obstáculo: el velado pacto síndico militar que entre otras cosas
garantizaba la vigencia de la Ley de Pacificación Nacional en caso de
resultar electo, y que fuera oportunamente denunciado por un rival que
centraría su discurso en valores como la democracia, la justicia, el
respeto a la vida y la paz. Luego
de los actos de cierre de campaña de cada partido, que lograrían
convocar a una concurrencia cercana al millón de personas, llegaría
finalmente el día de las elecciones. La República nuevamente conquistaba
la democracia, y Raúl Ricardo Alfonsín con el 52 % de los sufragios se
impondría a Ítalo Luder sin necesidad de que se convocara al colegio
electoral. Asimismo la UCR conseguiría mayoría en la Cámara de
Diputados, aunque el justicialismo mantendría bajo su égida a la Cámara
Alta. |