10. EL USO DEL HIERRO
Fuente: ORÍGENES DEL HOMBRE. TIME LIFE. Ediciones Folio S.A. 1993
Los hititas eran
hombres con talento e ideas avanzadas. De origen indoeuropeo, invadieron
repentinamente Anatolia por la fuerza hacia el 2000 a.C. y transfiriendo
así el arte de fundir y modelar el cobre y el bronce. Impusieron su
cultura a los pueblos que dominaron, y que no obstante, ya estaban
curtidos en la tecnología del metal. Fueron ellos quienes, a partir de
los recursos de hierro de Anatolia, extrajeron por fusión y por
primera vez, el hierro de su mineral.
Considerando que el hombre ya había estado en contacto con los metales durante unos 7.000 años, puede parecer extraño que en todo aquel tiempo no hubieran explotado el hierro. La razón de ello obedece a que los conocimientos técnicos aplicados al cobre y al bronce no servían para el hierro. El cobre, por ejemplo, podía ser fácilmente fundido y licuado, incluso en un horno primitivo. En cambio, el hierro, necesitaba una temperatura de fusión de 2.000 ºC. El cobre podía ser martillado en frío para darle forma; el hierro tenía que estar al rojo vivo para que fuera maleable. El cobre, una vez fundido, dejaba flotar sobre la superficie las impurezas del mineral en forma de escoria extraíble; las impurezas del hierro tenían que quitarse por martillado mientras el metal estaba incandescente. En este sentido, es posible comprender que para explotar el hierro fue preciso una suerte de revolución tecnológica. Los herreros no pudieron trabajar el hierro eficazmente hasta que no dispusieron de herramientas apropiadas. Por otra parte, la explotación tardía del hierro obedece a que -a diferencia del cobre- éste en forma nativa es muy escaso. Se encuentra principalmente en meteoritos, y sólo unos pocos alcanzan la superficie terrestre, sin considerar que no todos contienen hierro de una forma fácilmente utilizable. Pero cuando el hombre empezó a fundir el hierro a partir de minerales en vez de desmenuzar el metal de los meteoritos, todo cambió. Los minerales de hierro son de los más abundantes del a tierra y muchos están tan cerca de la superficie que son fáciles de explotar. Con su abundancia, acabó reemplazando al cobre y al bronce como material para la fabricación de útiles. Muy probablemente el descubrimiento de que podía extraerse hierro a partir de ciertos tipos de minerales sobrevino por casualidad, como antes había ocurrido con el cobre. Los óxidos de hierro comunes -hematites, limonita y magnetita- eran ya ampliamente utilizados en todo el mundo antiguo. La hematites, por ejemplo, en forma de ocre rojo, servía de pigmento utilizado para dar color a las cerámicas y para aplicar a los cuerpos de los muertos, devolviéndoles el color de la vida. Además el óxido de hierro, en cualquiera de sus tres formas, era frecuentemente utilizado en la fundición del plomo y del cobre, operación en la que el hierro se combinaba con la sílice del mineral para formar una escoria que se derretía y era finalmente evacuada. Pero la fundición del hierro requería una mayor precisión que la del cobre. El fuego tenía que estar alimentado por una ventilación apropiada y el mineral tenía que estar completamente rodeado de carbón de leña. Si se lo sometía a una cantidad de carbono demasiado grande, el hierro se hacía duro y quebradizo; si se le exponía al aire, se podía reoxidar. Incluso cuando el proceso iba bien, el hierro era poroso y tenía que estar martillado para unir las partículas de metal y obtener un trozo de hierro utilizable. Los primeros hornos para fundir el hierro, ineficaces en cuanto al diseño, probablemente requerían 4 kg. de carbón de leña para obtener 1 kg. de hierro fundido. No es extraño que las colinas de los territorios del Próximo Oriente donde se fundía el metal quedaran finalmente desprovistas de sus bosques de acacias y pistachos. Algunos expertos creen que los hititas habrían monopolizado la fundición del hierro; otros sostienen que ellos simplemente estuvieron mejor organizados que sus contemporáneos cuyas necesidades de hierro iban en aumento. Algunas inscripciones hititas registran los nombres de las montañas metalíferas de su reino, describen los regalos de hierro presentados o recibidos como testimonios de estima a la corte u otro lugar, y hablan de la habilidad de los herreros en unos términos tan halagadores que sugieren el honroso papel que representaban en la comunidad. De todos modos, tanto la experiencia hitita, como las directamente vinculadas a la misma, no tuvieron tanta trascendencia para el desarrollo de la historia de la humanidad en lo concerniente a la llegada de la Edad del Hierro como la que se dio en lo que hoy es Gran Bretaña. Esto se produjo hacia el 500 a.C. gracias a un vigoroso pueblo de Europa central que pertenecía a la llamada cultura de Hallstatt, descendientes de los pueblos de los campos de urnas de la Edad del Bronce y, como ellos, propagadores del conocimiento del trabajo del metal que poseían Fueron muy hábiles en el trabajo del hierro: conocían los hornos de fuelles, por ejemplo, y el método de la carburación. Aunque en realidad no hicieron mucho uso del hierro, contribuyeron grandemente a la evolución de la Edad del Hierro. Enriquecidos por sus exportaciones de sal procedente de sus minas locales y de alimentos curados, como el bacon y el jamón, que vendían, entre otros, a clientes italianos, los jefes de Hallstatt podían permitirse pagar a cualificados trabajadores del hierro. Aunque el hierro está comúnmente asociado a útiles y armas de guerra debido a su poder cortante y a su resistencia, los forjadores británicos lo usaron más para fines utilitarios que violentos. El hierro -más barato que el bronce y más fácilmente disponible- empezó a reemplazar al bronce como material para hachas, cuchillos, navajas de afeitar, rejas de arado, frenos de caballo y una amplia gama de artículos útiles. Fue forjado en morillos y cadenas, incluyendo cadenas con aros para el cuello destinadas a los infortunados esclavos y prisioneros. En Gran Bretaña, en el continente europeo y en el Próximo Oriente, donde comenzó la revolución de los metales, el forjador había adquirido tal dominio sobre ellos que, durante siglos, no había casi nada que él pudiera aprender. Habría de esperar a que la química desvelara los misterios de la composición y de la estructura interna de los metales -unos 1.800 años más tarde- para que el hombre descubriera nuevas propiedades en los materiales que conocía tan bien. Entre tanto, la principal tarea del trabajador del metal consistió en perfeccionar y pulir sus técnicas. Y en esta tarea, fundidores de dos culturas diferentes manifestaron ser artistas consumados. Ignorando completamente las propiedades específicas de los metales, los chinos realizaron maravillas con el bronce. Más allá del Pacífico, los indios americanos harían lo mismo con el hierro.
|