11. LOS CELTAS

Fuente: ORÍGENES DEL HOMBRE. TIME LIFE. Ediciones Folio S.A. 1993

El Mundo Celta

En este mapa figura la época de influencia celta -en un tiempo de 800 años de saqueo, conquista y colonización, y en un área de unos 2.000.000 de km2 de Europa y Asia menor (aunque la imagen expuesta solo muestra hasta el Mar Adriático). Las zonas en color marrón oscuro incluyen la zona central celta, donde se desarrollaron las más antiguas culturas celtas identificables durante los siglos VII y VI a.C. Las zonas en marrón claro señalan su expansión y su impacto cultural desde el centro a través de la masa continental europea, e incluye áreas tan separadas como Irlanda y (aunque no se aprecia) la actual Turquía. Después de esta máxima expansión, hacia el 250 a.C., el territorio celta disminuyó, de modo que en la época de Julio César, a mediados del siglo I a.C, comprendía únicamente la Galia, una pequeña parte de la Península Ibérica y las Islas Británicas. Un siglo después, la cultura celta sobrevivía únicamente en Irlanda, que quedó aislada, sin que le afectara sustancialmente la influencia romana.
 

 

Los celtas fueron un pueblo antiguo artificioso que ocupó la parte central de Europa y las Islas Británicas durante unos 800 años, entre el 700 a.C y el año 100 d.C. (ver cronología), fecha de su casi completa asimilación al Imperio Romano. Su cultura influyó ostensiblemente en buena parte del continente, extendiéndose desde Irlanda hasta las costas del Mar Negro.

Vivieron como prósperos ganaderos y agricultores. Adoraban a dioses moradores de bosques sagrados, pero en los sacrificios que ofrecían a estas divinidades inmolaban seres humanos. Admiraban la artesanía experta y las hazañas intelectuales, y al mismo tiempo eran ávidos cazadores y luchaban unos contra otros por un insulto -ferozmente, y a menudo por el simple placer del combate-.

Durante el período de su apogeo, los celtas influyeron profundamente en el desarrollo de la historia de Europa. Llevaron el conocimiento del hierro a la zona situada al norte de los Alpes y extendieron su uso a lo largo y ancho de sus dominios.

Del mismo modo, los celtas introdujeron también un buen número de importantes innovaciones tecnológicas: con sus arados y guadañas de hierro y quizá con la más antigua versión de una máquina de segar, establecieron un tipo de agricultura intensiva, en la actualidad reflejada en la región exquisitamente cuidada del oeste de Europa.

También hay que reconocer a los celtas su contribución a una mayor movilidad de los pueblos de Europa. con su típico espíritu emprendedor abrieron toscos caminos en la tierra e incluso pavimentaron algunos con troncos, matorrales, y piedras. Sobre estos caminos se deslizaron carretas de cuatro ruedas y carros de dos ruedas, las cuales alcanzaron un notable grado de perfección.

Finalmente los celtas dieron origen a un buen número de pueblos modernos. Sangre celta, por muy diluida que esté, corre por la vena de ingleses, franceses y muchos estadounidenses; corre abundantemente entre galeses, bretones, escoceses y especialmente irlandeses. Entre los franceses, corresponde al elemento galo.

A pesar de su heterogeneidad, el idioma celta es realmente una prueba importante del origen común. El celta es una rama del árbol idiomático conocido como indoeuropeo, un árbol que arraigó hace unos 4.500 años en algún lugar entre los montes Cárpatos, en Europa oriental, y los montes Urales, en Rusia. El indoeuropeo es el árbol idiomático más prolífico del mundo. De él se desgajaron varias ramas en lenguas tales como el griego, el latín, el germánico, el eslavo y el hindú. Posteriormente algunas de estas ramas produjeron otros vástagos -el latín, por ejemplo, dio origen al italiano, al francés, al castellano, al catalán al portugués y al romano-. Aunque un inglés, un ruso y un irlandés que hable gaélico no pueden realmente entenderse, su habla contiene sonidos que indican una raíz común. Los ingleses dicen "one, two, three"; los rusos, "odin, dva, tri"; los irlandeses "aon, do, tri".

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