12. EL NACIMIENTO DE LA ESCRITURA
Fuente: ORÍGENES DEL HOMBRE. TIME LIFE. Ediciones Folio S.A. 1993
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Uno de los hallazgos más antiguos en materia de escritura fue descubierto donde se encontrara la
antigua ciudad de Ur, entre 1920 y 1930. Estaba escrito en caracteres cuneiformes, denominación relacionada a la forma que tenían los mismos (de la
palabra latina cuneus, "cuña"). La escritura cuneiforme desciende directamente del más antiguo sistema de escribir conocido,
la escritura pictográfica, probablemente inventada por los sumerios en Mesopotamia hacia el año 3100 AC.
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Este mapa refleja el
impacto cultural que la escritura produjo, basado en su gran sencillez y
en la facilidad de su aprendizaje. Hasta la introducción del alfabeto,
en el segundo milenio antes de nuestra era, la enseñanza de la lectura
y la escritura estaba circunscripta a pequeños bolsones de población
(en amarillo más intenso) que se concentraban en las riveras del Nilo,
del Indo y del Tigris y el Eufrates. Hacia el 400 antes de nuestra era,
cuando ya el alfabeto fenicio y varios otros se habían desarrollado
completamente, la escritura se había difundido por una zona (en color
verde) que cubría no sólo el Próximo Oriente sino también las
tierras que bordeaban el Mediterráneo. Las tierras y civilizaciones que
promovieron el nacimiento y desarrollo de la escritura se localizan en
el mapa del margen inferior izquierdo. |
Ver cronología de la escritura
El nacimiento de la escritura constituye una hazaña tan revolucionaria como el dominio del fuego y el desarrollo de la agricultura, pues, al igual que estas otras dos, transformó profundamente la existencia humana. Gracias a la escritura, unos seres humanos pudieron coordinar sus actividades con las de otros que vivían a gran distancia de ellos. Por otra parte, hizo posible la formación de sociedades mucho mayores y más complejas que las conocidas hasta entonces: ciudades-estado, reinos, imperios. El dominio de la escritura permitió a los hombres desarrollar ideas y realizar cálculos mucho más complicados, abriendo consecuentemente el camino a la matemática y a la ciencia. Así como los chinos consideraban a la escritura como un medio sagrado de comunicarse con los espíritus divinos y con sus antepasados reales, Aristóteles la definió como "símbolos de las palabras habladas". En el siglo XVIII, el filósofo francés Voltaire afirmaba: "La escritura es la pintura de la voz". Menos poéticamente los actuales lingüistas definen la escritura como un sistema de comunicación humana por medio de signos establecidos convencionalmente y que representan un lenguaje. Es preciso que los signos puedan ser emitidos y recibidos, que sean comprensibles tanto para el individuo emisor como para el receptor y que correspondan a palabras habladas. La escritura apareció hace poco más de 5.000 años. Sin embargo sus raíces, como de tantos otros inventos, se hunden en un pasado mucho más lejano. El hombre llegó a la escritura tras lentas etapas anteriores: el desarrollo del lenguaje; el descubrimiento de la representación mediante imágenes; la necesidad de reforzar la memoria almacenando información; el darse cuenta de que se podían usar tales imágenes para satisfacer esta necesidad; y por último, el difícil proceso de ensayo y error para adaptar las imágenes a la representación de los sonidos del lenguaje. Al igual que el lenguaje hablado, del cual constituye una extensión, la escritura requiere la capacidad de realizar saltos mentales. Todos los idiomas poseen palabras onomatopéyicas, es decir, palabras que imitan el sonido de las cosas por ellas designadas, como por ejemplo, "gruñir" o "gas" en español. Pero, evidentemente, el número de cosas o acciones que pueden identificarse mediante el sonido es muy reducido, por los que los vocabularios de todos los idiomas del mundo están compuestos básicamente por sonidos arbitrarios cuya relación con su significado es un asunto de mera convención. El sonido de la palabra "gato" no tienen nada que ver con el animal por ella designado; y la palabra "caminar" no guarda el menor parecido con el ruido de pasos. ¿En cuál estado del desarrollo del hombre comenzó el lenguaje humano a incluir abstracciones arbitrarias de este tipo? Los prehistoriadores académicos discuten sobre el problema de hasta qué punto los antepasados del hombre moderno eran físicamente e intelectualmente capaces de hablar. Sin embargo, estudios cuidadosos y detallados del equipo vocal y de la capacidad del cerebro del hombre primitivo han convencido a muchos de ellos de que, hace 300.000 o 200.000 años, el Homo erectus había llegado a un estado en su desarrollo en donde debía de ser capaz de realizar los complicados ejercicios mentales que requiere el lenguaje. Esos mismos ejercicios mentales deberían haber permitido a él escribir, pero una prueba incontrastable se presentará muchos años después, no de la escritura misma, sino de un antecedente muy importante: las imágenes, en la forma de pinturas y dibujos rupestres. Parece indudable que el artista que dibujaba en una caverna un mamut, pretendía no sólo comunicar algo -la idea de un mamut- sino también hacerlo de una manera que trascendiese el lenguaje hablado. Tal vez realizaba su imagen con la intención de que fuese un registro, un documento. Sin duda las raíces de la escritura brotan de la necesidad de almacenar información -reforzando así la memoria- y de comunicarla a una distancia superior a la que alcanza la voz humana. Esta comunicación, independientemente de dónde se haya producido por primera vez, constituyó la primera etapa de la protoescritura en embrión. ¿Cuándo apareció por primera vez la protoescritura? Alexander Marshack, un escritor científico, advirtió en una fotografía de un hueso de 8.500 años descubierto en un yacimiento arqueológico del África Central, una docena de grupos de rayas, incluyendo de 3 a 21 rayas cada uno. Luego de profundizar sus investigaciones llegó a la conclusión de que las mismas podrían corresponder a los días del ciclo de la Luna. Independientemente de la razón, lo cierto es que tales marcas son el resultado de un sistema para almacenar información. Sin duda, esta información sólo sería comprensible para quien la registraba o, como máximo, para unos escasos allegados. Pero, incluso así, las marcas inscritas en los huesos constituyen lo que algunos especialistas consideran como la primera etapa de la protoescritura: el recurso mnemotécnico, es decir, el recurso destinado a auxiliar a la memoria para recordar algo. Otro recurso mnemotécnico lo constituye el bastón que lleva la cuenta mediante muescas, usado hasta hace poco en numerosas regiones del mundo. ¿Utilizaban los hombres de Cro-Magnon y otros pueblos antiguos estos bastones sólo para registrar información, o los usaban también para comunicarla? Aunque nadie lo sabe, parece bastante probable. Pero aunque los bastones transmitiesen información, estas protoescrituras eran meros recursos auxiliares de la memoria. El contenido básico del mensaje no lo comunicaba el bastón, sino quien lo llevaba: era éste quien decía al destinatario qué quería y para qué. Los bastones sólo servían para recordar las cifras a quien los llevaba. Un recurso mnemotécnico con mayores posibilidades lo constituye la cuerda anudada, que no sólo es más ligera que el bastón con muescas, sino que además permite las correcciones. Al parecer, ambas formas de protoescritura, principalmente tenían que ver con los números, no son características como la forma, el tamaño o el sexo. Para registrar este tipo de información, el método más obvio es dibujar una imagen. Las secuencias de imágenes han figurado en las primeras etapas de todos los sistemas de escritura, y es probable que esta misma técnica haya aparecido antes como una variedad de protoescritura. Las mismas pueden remitir un mensaje a alguien que jamás lo ha leído, sin la mediación de ningún mensajero humano. Sin embargo, aunque estos tipos de protoescritura puedan transmitir ideas, no registran la palabra hablada. La auténtica escritura aparece cuando las imágenes, por su propia naturaleza y por la secuencia en que están distribuidas, pueden sustituir a las palabras habladas de un determinado lenguaje. En sus primeras etapas, la escritura sólo podía habérselas con palabras que pudieran ser representadas mediante imágenes, es decir, con objetos concretos y acciones. Una imagen de una cabeza humana significaba "cabeza", una espiga significaba "cebada". Sin embargo, muy pronto este sistema se desarrolló de diversas maneras. En primer lugar, la imagen de un objeto empezó a usarse como una especie de metáfora para sugerir otro objeto o un concepto que no se podía representar fácilmente. Así, en la escritura sumeria, el signo que denotaba "boca" comenzó a significar también "hablar". Un segundo recurso para extender el alcance de la escritura, usado primero por los sumerios y actualmente por los chinos, fue combinar dos signos para formar un tercero con un significado diferente. En sumerio, por ejemplo, la combinación de los signos que denotaban "montaña" y "mujer" no significaba "mujer de la montaña", sino "esclava". El paso clave en el desarrollo de la escritura se dio cuando una imagen empezó a usarse para representar un objeto determinado, sino el sonido correspondiente a su nombre. Es la etapa de la "escritura jeroglífica", así llamada por analogía con los jeroglíficos modernos: por ejemplo, la imagen de un "sol" y la de un "dado" significan "soldado". Mediante este sistema, los signos pictográficos empezaron a ser signos fonéticos. Este paso convirtió a la escritura en la herramienta básica de la civilización. Para las sociedades primitivas que idearon los primeros sistemas de escritura, esta nueva herramienta significaba que las actividades humanas podían ser organizadas sistemáticamente. Además de una importante y útil herramienta práctica para el comercio y la administración, la escritura fue también una manera de reforzar un compromiso espiritual de la gente. Las palabras habladas pueden tener su propio poder de sugestión, pero la escritura les añade una dimensión especial: la de la permanencia; una bendición o una maldición escritas parecían haber sido formuladas para siempre. De las numerosas consecuencias de la escritura, quizá ninguna sea más importante que su contribución a que el hombre se conociera a sí mismo y conociera el mundo en que vive. La historia comienza con el nacimiento de la escritura; y lo mismo ocurre, en la mayoría de las sociedades, con la ciencia y el pensamiento filosófico. La escritura permite al lector evocar el pasado humano y hace posible que el estudio del hombre pueda reconstruir la vida de remotos antepasados suyos con un detalle a veces sorprendente: no sólo qué aspecto tenían, sino también qué comían y cómo obtenían sus alimentos; dónde habitaban y con qué se vestían; cómo produjeron artefactos cada vez más complicados para satisfacer sus necesidades físicas y espirituales. La mentalidad del hombre anterior a la invención de la escritura sólo puede sondearse mediante el testimonio mudo de los objetos excavados por los arqueólogos; pero el hombre que sabe escribir habla con su propia voz. Las condiciones sociales que dieron origen a la escritura están recapituladas en un fenómeno histórico llamado la Revolución Urbana: la aparición de grandes y populosas comunidades que se solían congregar en ciudades, en las cuales la condición de las personas se diversificó y las relaciones entre ellas se hicieron más complejas. En las culturas del paleolítico, todo el mundo vivía de la caza y la recolección, en las primeras sociedades agrícolas del Neolítico, los labradores y pastores se unieron a los cazadores-recolectores. Las sociedades urbanas de unos milenios más tarde incluían no sólo labradores y pastores, sino también artesanos, mercaderes, sacerdotes; posteriormente agruparían también a ricos y pobres, hombres libres y esclavos, acreedores y deudores, contribuyentes y cobradores de impuestos y, naturalmente gobernantes y gobernados. Así los hombres tenían la imperiosa necesidad de disponer de un modo con el que solventar las reivindicaciones conflictivas de diversos grupos; necesitaban técnicas con las que registrar y dar fe de los acuerdos establecidos, técnicas que supliesen los extravíos de la memoria y el corto alcance de la voz humana. Y la escritura vino a satisfacer tales necesidades; como todos los inventos importantes, la escritura fue un producto de su época. Los sumerios, que se cree fueron los primeros inventores de la escritura, vivían en el sur de Mesopotamia durante el cuarto milenio antes de nuestra era. su documento escrito más antiguo se remonta al año 3.100 cuando la Revolución Urbana avanzaba ya agrandes pasos. poco después la escritura fue reinventada por los egipcios a 1.500 kilómetros de allí. Es bastante probable que los egipcios tomaran de los sumerios la idea de la escritura, pues existen pruebas arqueológicas del contacto entre ambos pueblos por esta época; pero lo único que habrían tomado sería meramente la idea, no el sistema sumerio de escritura. En primer lugar, los símbolos de la escritura egipcia son distintos de los símbolos sumerios. Las imágenes usadas en las primeras etapas de ambos sistemas difieren entre sí, incluso cuando con ellas se pretende representar un mismo objeto. Los egipcios, inventores de la escritura jeroglífica, representaban la palabra "boca" mediante un simple óvalo; en cambio los sumerios, cuya escritura dio origen a la cuneiforme, empezaron representándola dibujando una boca en un rostro barbado. Hacia el año 2.500 AC, la escritura fue inventada por tercera vez; sus nuevos inventores fueron los elamitas, cuyo territorio se hallaba a más de 300 kilómetros al este de Sumer, en una región actualmente ocupada por Irán. La escritura elamita constituye un auténtico rompecabezas para los especialistas, que sólo han podido descifrar unos pocos fragmentos. También es un enigma como surgió y se desarrolló este sistema de escritura. En cualquier caso, los habitantes de Elam abandonaron posteriormente su propio sistema, volcándose al sistema cuneiforme. En ese mismo período, la escritura fue inventada de nuevo, esta vez por la civilización asentada en el valle del río Indo, en el actual Pakistán. Como los casos anteriores, existen pruebas de contacto con Sumer. pero, una vez más la escritura es completamente diferente; y lo mismo ocurre, según parece, con el soporte de la escritura (arcilla, piedra, cerámica, rollos de papiro, etc.). Poco después del año 2.000 AC, se inventó la escritura por quinta vez, en el reino marítimo de Creta. Es casi seguro que los cretenses tomaron la idea de la escritura de otros pueblos, probablemente de los egipcios, con quienes mantenían relaciones comerciales regulares. sin embargo, al desarrollar dicha idea fueron completamente originales. Empleaban dos sistemas diferentes, conocidos por los especialistas como lineal A y lineal B. En ambos casos se trataba de sistemas de escritura cursiva cuyos caracteres estaban formados por líneas, no por imágenes. Hacia el año 1.500 AC tuvo lugar una nueva invención de la escritura, esta vez en Asia Menor. Se trata de la escritura jeroglífica hitita, aunque las formas de sus caracteres no guardan parecido alguno con los jeroglíficos egipcios. Fueron escritos en bustrófedon, es decir, en direcciones alternas, como un buey cuando ara un campo. Este sistema constaba de 419 símbolos, la mayoría de ellos pictográficos. Hacia la misma época, la escritura se inventó una vez más, mucho más al este, en el valle del río Amarillo, en China. Es posible que esta nueva invención de la escritura se iniciase a raíz de los contactos con las sociedades del Asia occidental que ya sabían escribir. Pero la gran distancia (más de 7.000 kilómetros a través del Himalaya) entre estos dos centros de la civilización, hace la conexión poco probable y los especialistas chinos rechazan la idea. Los primitivos símbolos chinos son pictográficos y claramente autóctonos, como sucede también con los soportes de la escritura: bambú y seda. El chino actual, descendiente de ese sistema, es la más antigua forma de escritura que cuenta con una historia ininterrumpida. A partir de estos inicios iban a surgir numerosos sistemas de escritura nuevos y se iban a lograr más perfeccionamientos. El revolucionario paso hacia la escritura alfabética constituiría un salto decisivo en la expansión de la escritura. Los especialistas ven ahora que el desarrollo desde las más antiguas formas de escritura conocidas hasta las más modernas ha sido continuo, pero los 5.000 años transcurridos desde el nacimiento de la escritura plantearon un arduo problema a los especialistas y a los arqueólogos. Cuando en el siglo XVIII comenzaron a descifrar las inscripciones de las tumbas egipcias y de las tabletas mesopotámicas, tuvieron que partir de cero. |