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14. LAS PRIMERAS CULTURAS DE GRECIA

Fuente: ORÍGENES DEL HOMBRE. TIME LIFE. Ediciones Folio S.A. 1993

El mundo griego ceñido por el mar: micénicos y minoicos.

Las civilizaciones de la Edad del Bronce surgidas a orillas del mar Egeo -enriquecidas por el contacto mutuo y completamente aisladas de la interferencia extranjera- florecieron en una zona limitada por Creta, Grecia y las Cíclades.

3000 a.C. 2000 a.C.

1500 a.C.

1100 a.C.

BRONCE ANTIGUO

BRONCE MEDIO

BRONCE RECIENTE

CICLADICO ANTIGUO


CICLADICO MEDIO



Grotta-Pelo

Ceros-Siros

Filacopi

   
         

MINOICO ANTIGUO


MINOICO MEDIO


MINOICO RECIENTE


HELADICO ANTIGUO

HELADICO MEDIO

HELADICO RECIENTE (MICENICO)

LAS CÍCLADES EN LA EDAD DEL BRONCE

Prolongando por el sudeste la península del Atica, se encuentra una guirnalda de pequeñas islas esparcidas por el Egeo. Son las Cíclades, los picos de antiguas montañas que emergen del mar. La mayor de ellas mide 32 km. de longitud. Las más pequeñas apenas miden 6 u 8 km. Entre las intermedias está Melos, que mide 20 km. de longitud y cuenta con unos 5.000 habitantes. Durante siglos su población ha fluctuado según las tendencias generales del Egeo, pero nunca ampliamente. Nada permite datar con precisión esa primera ocupación de la isla. Ya en el 7000 a.C. iba gente a Melos en busca de obsidiana, lo que se conoce luego de haber encontrado ese mineral en otros lugares. En la propia Melos -de hecho, en todas las Cíclades- la más antigua prueba de ocupación data del 4000 a.C.

Desde Ceos, la primera isla cicládica, se extienden muchas más en todas direcciones. Una vez iniciado el establecimiento humano, es prácticamente seguro que hubo de difundirse poco después por las demás. Y de estos establecimientos sucesivos surgió la llamada cultura cicládica.

Es difícil precisar en qué momento llegó a ser identificable como cicládica y determinar cuando pasó de ser una economía de subsistencia a constituir una auténtica civilización.

Es evidente que las sociedades palaciegas que conocieron su apogeo en Creta mil años después merecen el calificativo de "civilización", pues poseen los tres requisitos considerados indispensables por la mayoría de los especialistas: 1) ciudades grandes, de al menos 5.000 habitantes; 2) un idioma escrito, y 3) una religión estatal, con palacios o centros religiosos monumentales.

Durante el Bronce Antiguo, las Cíclades no cumplían estos requisitos. No tenían un idioma escrito, carecían de palacios o centros religiosos monumentales, y probablemente sus ciudades estaban bastante por debajo de esos 5.000 habitantes. No obstante, no es justo concluir que se hallaban sin "civilizar". Por ello, se requiere una definición mejor y más flexible, como la que propone Colin Renfrew: "la creación gradual por el hombre de un medio ambiente mayor y más complejo, no sólo en el campo natural, aumentando la explotación de una mayor gama de recursos, sino también en los campos social y espiritual". Esta definición fue formulada por Renfrew para distinguir la cultura cicládica en Creta durante el Bronce Medio, con una fecha divisoria hacia el 1700 a.C. Pero también es útil para describir el desarrollo histórico de las Cíclades.

La arqueología moderna divide la cultura cicládica en tres fases distintas, tal como se refleja en el cuadro precedente. La cultura de Grotta - Pelo se desarrolló entre los años 3100 y 2600 a.C. y se encuentra en el umbral mismo de la Edad del Bronce. Puede considerarse como la puerta de acceso desde el viejo mundo egeo de la Edad de la Piedra al nuevo mundo de los metales, del comercio en expansión y de una avanzada civilización.

Los poblados de la cultura de Grotta-Pelo han sido detectados en muchas islas de las Cíclades. eran pequeños y generalmente estaban próximos a la costa. Las gentes de esta cultura habían abandonado la vieja costumbre neolítica de enterrar a sus muertos bajo el piso de sus casas o en los estrechos callejones que las separaban. Usaban cementerios emplazados en sitios ubicados algo más lejos de la costa, con sepulturas denominadas cistas, las cuales no asoman por encima del suelo, representando una fuente muy valiosa para el hallazgo arqueológico.

Su sociedad se caracterizó por un significativo nivel de estratificación, una religión altamente evolucionada, acumulación de riqueza, y una cierta división del trabajo (como lo prueba el progreso de las artes y oficios).

Aunque la vid y el olivo florecían ya en la cultura de Grotta-Pelo, apenas existen pruebas del tercer catalizador cultural: los metales. Aunque la fundición de metales se estaba abriendo paso ya en el mundo de la Edad de Piedra, en el 3000 a.C. sus técnicas apenas habían penetrado en el Egeo.

En el año 2500 a.C., en cambio, existía ya un intenso comercio de metales por todo el Egeo. La cultura de Grotta-Pelo se había marchitado, siendo sustituida por otra, que floreció entre los años 2600 y el 2300 a.C. y se denominó Ceros - Siros de acuerdo a dos islas cicládicas. Se distingue de sus precursoras por un amplio uso de los metales, con la consecuente riqueza y ostentación general.

Así las aldeas se hicieron más grandes, y existen indicios de un cierto control administrativo, en función de la distribución central de productos. Las tumbas empezaron a ser más elaboradas, y comenzó a haber objetos funerarios más diversos y refinados.

Si hubiera alguna duda sobre el papel desempeñado por los metales en el desarrollo del comercio y de la cultura, Ceros-Siros la disiparía. Existen pruebas de un claro aumento del lujo y la riqueza, y además un cierto sentido de su propio alcance y poder. Grotta-Pelo era una cultura localista, ensimismada; Ceros-Siros no. Su estilo se extendió por todo el Egeo y alcanzó incluso la Grecia continental, Creta y Anatolia. Era un mundo que conoció un comercio activo y las Cíclades estaban estratégicamente situadas cerca de su centro, promoviendo los intercambios con toda su periferia.

Las armas de metal dieron a la sociedad de Ceros-Siros un aspecto nuevo y más peligroso. Apareció por primera vez el puñal, que pronto crecería hasta convertirse en un terrible agente destructor: la espada de bronce, surgiendo además los primeros guerreros. Por otra parte, es evidente que ya había caudillos locales capaces de organizar el trabajo de los demás ofreciéndoles a cambio seguridad.

La decadencia de Ceros-Siros dio lugar al surgimiento de la cultura de Filacopi, así llamada por una ciudad de la isla de Melos, la cual duró aproximadamente del año 2300 al 2000 a.C.

Aunque las tres fases culturales cicládicas sean distintas y muestren claras diferencias en su cerámica y en otros atributos culturales, debe subrayarse su continuidad. Se introducen algunas cosas nuevas; pero muchas otras simplemente continúan. Filacopi es notable por dos cosas: introdujo en las Cíclades las tumbas excavadas en la roca y produjo el único asentamiento humano conocido del milenio III a.C suficientemente grande para merecer el nombre de ciudad. Filacopi fue construida a lo largo del borde de un acantilado que domina el mar. En su apogeo, pudo albergar varios miles de habitantes.

Pero Filacopi estaba situada en una pequeña isla donde escaseaba la tierra cultivable. No podía crecer más allá de sus propios límites. Sus artes y sus oficios, sus recursos locales, no podían ser explotados más allá de un cierto punto dentro del marco tecnológico y social de la cultura en que existía. Para transformarse en una ciudad más compleja habría tenido que encontrar una base más amplia que sostuviese esa complejidad.

Las casas cicládicas eran pequeñas; a menudo sus habitaciones no medían ni 2 m de longitud, dejando espacio para uno o dos camastros y para poco más. LAs paredes del primer período mostraban la piedra desnuda; las posteriores, estaban enlucidas y a menudo pintadas.

La vida diaria giraba en torno a la pesca y el comercio con los vecinos, tanto con los de las islas próximas como con los de la Grecia continental, con quienes las Cíclades mantuvieron relaciones estrechas y al parecer frecuentes. Las gentes del interior se dedicaban al cultivo de la vid y el olivo, a la cría de cabras y ovejas, a la explotación del bosque, a tejer y a oficios especializados como la cerámica y el trabajo de los metales.

Los isleños no eran sólo intermediarios entre los distintos países que comerciaban; además exportaban sus propios productos. Había yacimientos metálicos en algunas de las Cíclades. Cada isla producía su propio vino local. Naxos y Paros eran famosas por la calidad de su mármol. En consecuencia, los isleños poseían lo que hoy llamaríamos una balanza comercial favorable, y llegaron a prosperar.

Así vivían en un mundo de incipiente riqueza y lujo, de incipientes aspiraciones sociales y políticas. El potencial humano era la principal fuente de energía. Aún no se conocían los molinos de viento, que en siglos posteriores se alinearían sobre las cordilleras de las islas; el grano se molía a mano con una primitiva muela de piedra. Tampoco había caballos; las cargas las transportaban los hombres o quizá los bueyes.

Aunque los isleños resultaban suspicaces con los extranjeros y reacios al cambio, eran bastante emprendedores, y su visión del mundo era tanto más amplia cuanto más estratégico fuese el lugar que ocupaban en el mismo. El hombre de las Cíclades no sólo estaba acostumbrado a pensar, sino también a actuar simbólicamente. Si bien no sabía leer ni escribir, es posible afirmar que sabía llevar registros de algún tipo y medir cosas con cierta exactitud. Los sellos grabados con la marca personal del propietario permitían indicar la propiedad.

La noción de medida aparece en otro ámbito: el de la religión. Las figurillas de piedra -que son quizá la principal contribución artística de las Cíclades- están esculpidas según proporciones muy precisas de la cabeza respecto al torso y del torso respecto a las piernas. Son los más antiguos objetos de arte conocidos que buscan esta regularidad de proporciones, y en cuanto tales preconizan el énfasis en la armonía matemática característico de las estatuas griegas clásicas.

De todos modos, y aunque que poco se conoce en lo referido a aspectos religiosos del mundo cicládico, al igual que los micénicos y los minoicos, los habitantes de las Cíclades no crearon grandes templos o ídolos. Su religión, en todo caso, era una cuestión personal, a pequeña escala.

Sería Creta la que pondría fin a la independencia de la tradición cultural cicládica. Con sus valles más amplios y ricos, bosques, hectáreas de viñedos y olivares, seguiría progresando. Los barcos minoicos transportaban cerámica más fina, joyas más valiosas, armas de bronce más bellas, y probablemente más hombres, una mayor fuerza muscular. Los estilos cicládicos autóctonos sucumbieron ante este asalto cultural perdiendo en gran medida su identidad. Después del 1700 a.C. la mayoría de las Cíclades estaban "minoicizadas".


CRETA Y LOS MINOICOS

Los minoicos ingresaron a Creta hacia el año 7000 a.C., probablemente procedentes del Asia Menor. Posteriormente hubieron nuevos oleadas migratorias. Según algunos expertos, hablaban un idioma indoeuropeo. De ser cierto esto, estarían relacionados vagamente -sino directamente- con sus vecinos tanto cicládicos como del continente. Aunque los minoicos aprendieron a leer y a escribir después del 2000 a.C. y dejaron tras sí muestras de su escritura, ésta no ha sido descifrada, con lo que su idioma sigue siendo un enigma.

Fueron arquitectos de un talento extraordinario, ceramistas incomparables, creadores de frescos de un estilo realista que no tienen par en ningún otro lugar del mundo. A través de sus obras transmitieron la imagen viviente de un pueblo con talento sutil, amante del lujo y del placer, mundano y refinado.

Amaban la naturaleza: las flores, los animales, los pájaros, los peces. Les atraían los paisajes bellos. Excepto Cnoso, sus palacios están situados de manera que desde ellos se pudiera dominar el paisaje, bien fuera la campiña circundante o bien el mar.

Según las imágenes que crearon de sí mismos, tanto los hombres como las mujeres eran esbeltos, con largas y agraciadas piernas y talles extremadamente finos. Sentían predilección por las joyas y los peinados de fantasía. Gustaban de los deportes, sobre todo el boxeo y un deporte típico a base de acrobacias con toros.

Eran un pueblo devoto, pero no obsesionado por la religión. No parece que hayan tenido una religión sombría o cruel. Aunque en sus tumbas se han descubierto puntas de lanzas, puñales y espadas hechos de bronce que prueban que eran un pueblo guerrero, no parecen haber sido especialmente agresivos; al menos es seguro que no lo fuesen en los últimos años. Su arte carece casi por completo de escenas guerreras o de matanzas. Como curiosidad: las convenciones artísticas de los minoicos exigían representar en blanco la piel de las mujeres y en rojo la de los hombres.

El calificativo de "minoico" corresponde a una derivación actual vinculada a uno de los mitos griegos: Minos. Los egipcios llamaban "keftiu" a los minoicos, aunque se desconoce como se llamaban a sí mismos.

La investigación arqueológica ha revelado que Tera, la más meridional de las Cíclades, fue una colonia minoica; y Citera, mucho más al oeste, también lo fue. Se han encontrado objetos minoicos en islas cicládicas como Melos y Ceos; en Rodas, ya en el Egeo oriental, y hasta en Miletto, ciudad situada en la costa egea del Asia Menor. Los minoicos exportaron sus productos manufacturados a todas partes y no se puede dudar de lo formidables que eran su poder y su influencia.

La aportación política más importante de los minoicos al mundo egeo fue quizá la supresión de la piratería. Parece probable que estuvieran decididos, en favor de sus propios intereses comerciales, a imponer la paz en el Egeo y acabar con los piratas. Su influencia pacificadora empezó a sentirse probablemente hacia el 2000 a.C. En el 1700 a.C. dominaban ya la región, y además de tal forma que parecen no haber temido jamás un ataque pirata.

Creta se caracterizó por un esquema con fuerte centralización del poder. La burocracia y la riqueza fueron aumentando gradualmente, hasta que un nuevo elemento en el mundo egeo -las economías de palacio- terminó convirtiéndose en el eje en torno al cual giraba toda la sociedad minoica. Todo estaba probablemente dirigido por el palacio. En él se almacenaban grandes cantidades de cereales y aceite (éste último en enormes pithoi o tinajas de almacenamiento). Del palacio partía el ímpetu que fomentaba las artes. Dentro de él florecía la artesanía. En él se concentraba la riqueza. Desde él se dispensaban todos los favores y privilegios. Nadie sabe con certeza si en ellos vivían reyes, dioses-reyes, reinas, diosas-reinas, o sumos sacerdotes-sacerdotisas que ejercían su poder por derecho divino a través de toda una burocracia de nobles o sacerdotes de rango inferior. Pero sí en cambio se conoce que la sociedad minoica estaba muy estratificada, con los derechos y los deberes de cada estrato social definidos con cierto detalle.

De acuerdo a Arthur Evans, el Minoico Antiguo -que se corresponde aproximadamente con el Cicládico Antiguo- fue, con todas sus divisiones y subdivisiones, una cultura del Bronce Antiguo, una cultura que arrancaba en el Neolítico. Se extendió, aproximadamente, entre el 3000 y el 2000 a.C. El Minoico Medio, por su parte, habría transcurrido entre el 2000 y el 1600 a.C., y en lo que respecta a la tercera y última fase de la civilización minoica, la correspondiente al Minoico Reciente, se extendió del 1500 al 1100 a.C, fecha en que fue aniquilada.

Aunque el arte minoico refleja una gran preocupación del pueblo por la religión, el mundo minoico carece de templos públicos y de cualquier otro gran centro de culto. Sólo existen santuarios -es decir, pequeñas salas sagradas con altares- en numerosos sitios palaciales.

Al parecer, la Creta minoica fue objeto de una grave catástrofe alrededor del 1700 a.C. del que no obstante pudo restablecerse. Sin embargo una nueva catástrofe -la hipótesis más sostenida es que se trató de una tremenda erupción volcánica- habría dado fin a una de las civilizaciones más fabulosas de la Antigüedad.


LA LEYENDA DEL MINOTAURO

Según la leyenda griega, Minos había recibido un bello toro blanco para que lo sacrificase al dios Poseidón. Pero a Minos le pareció tan bello que, en vez de sacrificarlo, lo guardó. Esto enfureció al dios, quien decidiría castigar a Minos haciendo que la mujer de éste, Pasífae, se enamorase del toro. La pasión de Pasífae por el animal llegó a obsesionarle tanto que persuadió al inventor Dédalo de que le construyese un maniquí en forma de vaca dentro del cual pudiera ella esconderse. De este modo satisfizo su deseo Pasífae, quien de resultas de ello engendraría un monstruo con cuerpo de hombre y cabeza de toro al que llamarían Minotauro (el toro de Minos). El Minotaruro vivió en un oscuro laberinto construido bajo el palacio de Minos en Cnoso, alimentándose de efebos y doncellas enviados por ciudad de Atenas como tributo a Minos. Pero entonces -prosigue la leyenda- un joven príncipe ateniense llamado Teseo decidió poner fin al pago del tributo. Ocupó la plaza de uno de los jóvenes destinados a integrar la expedición a Creta y, una vez en la isla, se enamoró de la hija de Minos, Ariadna. Esta le dio un ovillo de hilo para que lo fuera desenrollando a medida que penetraba en el laberinto y pudiera encontrar así el camino de vuelta. Teseo mató al Minotauro y huyó con la princesa. Pero la historia no tuvo un final feliz para Ariadna, que había sacrificado todo por escapar con su amante: en su regreso a Atenas, Teseo la abandonó en la isla de Naxos.

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Síntesis y digitalización: Esteban Crevari